Arriazu puso el dedo en la llaga y saltó la polémica por los dólares

La Argentina tiene una cosecha récord, una producción creciente de hidrocarburos y recursos mineros que el mundo necesita. ¿Por qué, entonces, la economía no crece con más fuerza? Ricardo Arriazu puso una respuesta sobre la mesa: el Banco Central está comprando demasiados dólares. Su diagnóstico abrió una polémica que atraviesa incluso a economistas que coinciden en respaldar el equilibrio fiscal y la lucha contra la inflación.

Para Arriazu, el escenario permitiría crecer por encima del 5%, mientras la expansión apenas supera el 2%. En su interpretación, la acumulación de divisas está restando impulso a la actividad. Ya había advertido que debía encontrarse un equilibrio entre fortalecer las reservas y facilitar el crédito al sector privado.
Aldo Abram sostiene una posición cercana: propone moderar las compras para que una mayor parte de los recursos que ingresan del exterior pueda alimentar la demanda interna. Su preocupación es que el esfuerzo por reforzar al Central termine debilitando la recuperación y, con ella, el respaldo político al programa económico.

Del otro lado aparece una objeción de peso: haber comprado muchos dólares no significa disponer de reservas suficientes. Una parte puede salir para atender vencimientos, y no todo lo que figura en las reservas brutas está disponible sin contrapartidas. Martín Sigaut Gravina, de Equilibra, advirtió en septiembre que todavía faltaba completar la acumulación de reservas netas prevista para fin de año.
La diferencia es importante. Una cosa es cuánto compra el Central durante varios meses y otra cuánto le queda para afrontar compromisos o responder ante una súbita demanda de dólares. Para quienes priorizan fortalecer esa posición, resignar reservas puede dejar al país expuesto a una nueva turbulencia cambiaria, con consecuencias sobre precios, crédito y actividad.

Pero hay una pregunta previa que obliga a precisar la discusión: ¿por qué comprar dólares frenaría la economía? Cuando el Banco Central adquiere divisas y entrega pesos, incorpora dinero al mercado. Considerada aisladamente, la operación agrega liquidez. El posible efecto contractivo debe buscarse en el circuito completo.

Si después esos pesos se retiran mediante colocaciones de deuda, mayores exigencias a los bancos u otros mecanismos, la inyección inicial puede quedar neutralizada. Y si la disponibilidad de dinero resulta escasa frente a las necesidades de la economía, las tasas pueden mantenerse elevadas y el financiamiento volverse más difícil. Las empresas postergan inversiones, cuesta financiar mercadería y las familias encuentran cuotas más caras.

Eso tampoco significa que toda absorción de pesos sea perjudicial. Si sobra dinero respecto de lo que la gente desea conservar, retirarlo puede evitar presiones sobre el dólar y los precios. El problema consiste en establecer cuándo esa prudencia pasa a convertirse en una restricción que castiga innecesariamente a la producción.

Por eso, el volumen de compras de divisas no alcanza para demostrar que el Central está frenando la actividad. También hay que mirar cuánto dinero queda disponible, qué hace el Tesoro con sus colocaciones de deuda y cómo evolucionan las tasas y el crédito privado. Atribuir el menor crecimiento a una sola causa exige más evidencia que la coincidencia entre compras elevadas y una recuperación débil.

La discusión tiene, además, una dimensión cambiaria. Si el Central compra menos y las demás condiciones permanecen iguales, disminuye la demanda de dólares y el peso puede fortalecerse. Eso ayuda a abaratar productos e insumos importados, pero también puede reducir los márgenes de exportadores y fabricantes que compiten con mercadería del exterior. El alivio para unos puede convertirse en una dificultad para otros.

La controversia enfrenta dos preocupaciones atendibles: evitar que la estabilización ahogue la recuperación y evitar que una recuperación sin respaldo externo termine en otra crisis. La pregunta decisiva es cuánto cuesta acumular reservas y qué beneficios produce. Para responderla habrá que seguir el recorrido de los pesos con tanta atención como el de los dólares.

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