Las empresas ya están preparando sus presupuestos para 2027 y mirando las elecciones presidenciales. En ese escenario, un dólar a $1.900/1.950 para fin de año, una inflación cercana al 19% también para el cierre y un crecimiento de la actividad del 3%, un consumo masivo que crece al 2,9% y un salario real que crece casi al mismo nivel son las principales variables que consideran de acuerdo con la evaluación realizada por ABECEB.
El año electoral juega en los análisis corporativos, introduce una dosis adicional de volatilidad financiera y cambiaria, asociada a una mayor demanda preventiva de cobertura y cierta sensibilidad de las expectativas, pero no se contempla una reversión del programa económico ni un cambio en la orientación general de política.
“Para las firmas, la consolidación política posterior a 2027 permitirá extender el ciclo de estabilización y, sobre todo, acelerar una segunda fase de reformas estructurales enfocadas en materia tributaria, previsional y de normalización regulatoria. Ese escenario, mejorará la consistencia del escenario, reduce el riesgo de reversión y favorece decisiones de inversión de mayor plazo.
Además, refuerza la sustentabilidad fiscal, mejora incentivos microeconómicos, de productividad y de mayor competitividad en una economía integrada a un mundo desafiante con una geopolítica en el centro de la escena y una IA disruptiva para las planificaciones empresarias”, sostuvo Mariana Camino, presidente y CEO de ABECEB.
LOS NÚMEROS QUE MIRAN LAS EMPRESAS PARA 2027
Si bien la mayor previsibilidad del programa financiero reduce los riesgos de corto plazo, las elecciones podrían introducir episodios de volatilidad y demanda de cobertura. Por eso, se estima un tipo de cambio en torno a $1.900/1.950 para fines del año próximo.
Ese escenario asume una estabilización relativa del tipo de cambio real luego de la apreciación inicial de 2026, apoyada en una mejora de la oferta de divisas, la expansión de sectores como energía y minería y una política activa de acumulación de reservas por parte del BCRA. La mejora de las exportaciones permite aliviar parcialmente la restricción externa que históricamente condicionó los ciclos de crecimiento de la economía argentina. Se estima que 2026 termine con un tipo de cambio sin grandes variantes y en $1.594.
En lo que hace a los precios, se prevé una inflación anual ligeramente por debajo del 30% para fines de 2026 y cercana al 19% para 2027. La economía todavía convive con una elevada inercia inflacionaria, existen mecanismos de indexación formales e informales y una recomposición incompleta de precios relativos. La desinflación avanza, pero aún persisten ajustes pendientes en tarifas, combustibles, transporte y otros precios administrados.
La proyección de crecimiento prevé para este año una expansión del 2,6% y en un nivel similar para 2027 apoyado en la continuidad de la desinflación, la recuperación gradual de los ingresos y el mayor dinamismo de los sectores exportadores.
En lo que hace al consumo, las empresas podrán considerar un escenario de mejora, aunque más selectivo y heterogéneo que en ciclos anteriores. Luego de un 2026 en el que el consumo privado crecerá cerca del 1,9, se espera un incremento del 2,9% en 2027, basado en una mejora del salario real cercana al 3% y una recuperación gradual del crédito.
El consumo masivo comienza a estabilizarse después del fuerte ajuste en volúmenes, mientras los bienes durables tendrán mayor espacio de expansión. El canal será cada vez más determinante, con un e-commerce que continúa ganando participación y crece muy por encima de los canales tradicionales.
A esto se suma una nueva geografía de la demanda, con mayor dinamismo en regiones vinculadas a energía, minería y actividades exportadoras, mientras los grandes centros urbanos seguirán mostrando comportamientos más heterogéneos. Para las compañías, 2027 exigirá presupuestos más segmentados por producto, territorio, canal y momento de compra.
Las exportaciones terminarán este año con un significativo crecimiento del 8%, y en 2027 aumentarán el 5, mientras que las importaciones este año saldarán con una ligera merma del 0,5% y en cambio, en 2027 crecerán el 5,6% porque se espera una mejora paulatina de la actividad.
La tasa BADLAR se ubicaría en torno al 20% hacia fines de 2026 y continuaría descendiendo durante 2027. Las tasas activas mostrarían una baja más lenta, condicionadas por el riesgo crediticio, la morosidad y los márgenes de intermediación. Hacia 2027, la mayor demanda de cobertura asociada al calendario electoral podría generar episodios de volatilidad y limitar una reducción lineal de las tasas.
El programa financiero presentado para 2026-2027 (y los elevados niveles de rollover) reducen significativamente el riesgo de refinanciamiento, aun cuando el Tesoro pueda enfrentar una mayor demanda de cobertura por parte de los inversores. Este esquema permite transitar un 2027 sin necesidades de acceso al mercado internacional y constituye un soporte relevante para la estabilidad financiera.


