Con apenas 25 años, Pilar Ferrer está al frente de una startup argentina que se propuso un objetivo tan ambicioso como difícil: desarrollar una terapia capaz de ayudar a reparar el músculo cardíaco después de un infarto. La empresa se llama Amnova Biotech y nació a partir de una investigación científica que comenzó en 2023 y que hoy intenta recorrer el complejo camino que separa al laboratorio de una futura aplicación en pacientes.
Ferrer es bióloga y realiza su doctorado en medicina regenerativa cardíaca en el IMETTyB, instituto de la Universidad Favaloro y el Conicet. Lo que inicialmente era parte de su investigación académica comenzó a adquirir dimensión empresarial cuando los primeros resultados alentaron al equipo a pensar que detrás del proyecto podía existir una innovación con potencial comercial global.
Así surgió Amnova, que Ferrer lidera como CEO junto con Mariano Berra, farmacéutico y CTO; Daniela Olea, biotecnóloga y directora científica, y Alejandro Berra, bioquímico dedicado a investigación y desarrollo. La startup recibió inversión privada y fue incorporada al portfolio de **CITES**, la aceleradora y fondo de venture capital del Grupo Sancor Seguros especializada en compañías científico-tecnológicas.
Un “andamio” para reparar el corazón
La innovación apunta a un problema médico enorme. Después de un infarto, parte del músculo cardíaco muere y el organismo genera una cicatriz, pero no consigue regenerar adecuadamente ese tejido. Los tratamientos disponibles pueden limitar las consecuencias y reducir la progresión de la enfermedad, pero no reconstruyen el músculo perdido.
La propuesta de Amnova consiste en un **hidrogel biomimético inyectable**, inspirado en las propiedades regenerativas de tejidos humanos asociados al nacimiento. Aplicado directamente sobre la zona dañada, busca crear un microambiente que favorezca la vascularización, reduzca la inflamación y estimule los procesos naturales de reparación del tejido. La compañía define su objetivo como pasar de tratamientos que administran las consecuencias del infarto a una terapia que intente actuar sobre el daño producido.
Los primeros resultados son prometedores, aunque todavía preliminares. La tecnología superó los estudios celulares y se encuentra en **fase preclínica**. En modelos animales, incluidos ensayos en ovejas, el equipo observó mejoras de la función cardíaca, reducción del área afectada y mayor formación de vasos sanguíneos y proliferación celular a los 28 días del tratamiento.
Ese dato explica el entusiasmo, pero también obliga a la cautela. Amnova todavía debe atravesar estudios preclínicos adicionales, procesos regulatorios y posteriormente las distintas fases de ensayos clínicos en seres humanos antes de demostrar que la terapia es segura y eficaz. Ferrer estima comenzar el camino regulatorio en 2027 y calcula alrededor de dos años hasta poder iniciar los estudios clínicos.
De científica a emprendedora
La historia de Ferrer tiene otro componente interesante: representa a una nueva generación de investigadores que intenta convertir conocimiento científico argentino en empresas de alcance internacional.
La joven CEO participa actualmente del START Fellowship de la Universidad de St. Gallen, en Suiza, desde donde trabaja en internacionalización, levantamiento de capital, estrategia regulatoria y alianzas. Amnova también fue seleccionada recientemente para integrar la generación BIG 12 de Start-Up Chile.
El mercado potencial es enorme. Más de **64 millones de personas padecen insuficiencia cardíaca en el mundo**, según datos citados por la compañía, y buena parte de los tratamientos disponibles procura contener el deterioro antes que regenerar el tejido lesionado.
Todavía falta demostrar que el hidrogel puede superar el largo y costoso proceso que convierte una innovación de laboratorio en una terapia aprobada. Pero allí reside precisamente el atractivo de Amnova: **si los resultados preclínicos logran trasladarse algún día a pacientes, una investigación nacida en la ciencia argentina podría abrir una nueva vía dentro de la medicina regenerativa mundial.
Y detrás de esa apuesta aparece Pilar Ferrer, una científica de apenas 25 años que ya tuvo que aprender a sumar a su trabajo de laboratorio las funciones de CEO: buscar inversores, construir una empresa y convencer al mercado de que una innovación argentina puede aspirar a competir globalmente.


