Durante décadas, los primeros pasos en el mercado laboral significaban, para muchas personas, conseguir un empleo estable, sin prestar demasiada atención al rubro o al lugar. Si, además, ese puesto suponía asistir diariamente a una oficina, cumplir con un horario fijo, recibir clientes en una sala de reuniones y hacer una pausa para el café con los compañeros, mejor aún. Esa rutina era sinónimo de estabilidad, tanto económica como profesional.
Aunque ese modelo sigue vigente en muchas partes del mundo, ya no es la única manera de concebir la vida laboral. Argentina tampoco es la excepción, las nuevas generaciones están redefiniendo, con una influencia creciente, el significado del trabajo, las expectativas que depositan en su desarrollo profesional y el rol de los espacios donde desempeñan sus tareas.
Las nuevas reglas del juego
A simple vista, podría parecer que la Generación Z, integrada por quienes nacieron entre 1997 y 2012, rechaza los esquemas tradicionales. Sin embargo, esa interpretación deja de lado una transformación mucho más profunda. Sus expectativas son diferentes, no menores: no cuestionan el empleo en sí, sino las reglas bajo las cuales fue concebido durante décadas, basadas en la presencialidad absoluta y los espacios de trabajo individuales.
De acuerdo con el estudio “IA y presencialidad: el nuevo panorama laboral”, realizado por WeWork en colaboración con Michael Page, las preferencias en torno a las modalidades de trabajo varían significativamente según la edad. Mientras que el 38% de los Baby Boomers todavía opta por un formato 100% presencial, esa proporción cae al 14% entre los miembros de la Generación Z.
El mismo estudio indica que los Millennials presentan una tendencia similar a la de los Gen Z, con apenas un 15% de preferencia por este formato. Esta cifra cobra especial relevancia, ya que este universo representa el grueso de la fuerza laboral.
“Estos datos ponen de manifiesto que las nuevas generaciones están demandando oportunidades laborales en las que lo que antes eran valores agregados pasa a ser simplemente una parte más de la propuesta”, explica Diego Kexel, Gerente General de WeWork Latinoamérica. “Esto se traduce en la posibilidad de priorizar experiencias que no solo impulsen sus carreras, sino que también les permitan aportar desde sus capacidades y sentirse parte de una cultura con la que comparten valores y objetivos”, agrega.
La “felicidad corporativa”
En cuanto a la asistencia a la oficina, hay una clara predilección por el modelo híbrido. El informe encontró que del total de Millennials encuestados, el 80% consideró que esta modalidad impacta de forma “positiva” o “muy positiva” su productividad, mientras que el 79% sostuvo lo mismo respecto de su calidad de vida. De ambos grupos, el 75% y el 72%, respectivamente, se encontraba bajo un esquema híbrido al momento de la encuesta.
Lejos de perder relevancia, la oficina continúa siendo un punto de encuentro, aunque con un propósito renovado: convertirse en un espacio donde los colaboradores puedan conectarse, fortalecer el sentido de pertenencia y desarrollar su potencial dentro de la cultura organizacional. “El concepto de felicidad corporativa está creciendo entre los Millennials y la Generación Z, que lideran la tendencia de repensar el trabajo y darle prioridad a aspectos como la salud mental”, apunta Kexel.
Escuchar, una decisión estratégica
Conforme aumenta la edad, también cambian las prioridades al momento de elegir y evaluar oportunidades o puestos de trabajo. No obstante, en un contexto donde los Millennials y la Generación Z tienen un mayor peso en distintos mercados y rubros, comprender sus expectativas se convierte en un factor estratégico para empresas de todos los tamaños.
“Tomarse el tiempo de comprender y adaptar los procesos a las aspiraciones, objetivos y necesidades de las nuevas generaciones es una pieza clave para alcanzar las metas a largo plazo. No solo porque aportan perspectivas frescas e innovadoras, sino también porque invitan a repensar cómo podemos anticiparnos a los requerimientos de nuestros equipos y optimizar los espacios en los que desarrollan su trabajo todos los días”, concluye Kexel.


