Fin de fiesta para los commodities

Por Ramiro Castiñeira (Econométrica) La última década fue otra gran oportunidad para Latinoamérica. Para los países que vendían energía, el precio se le multiplicó por 5, para los que vendían minerales, el precio se le multiplicó por 3, para los que vendían alimentos, el precio se les multiplicó por 2. […]

Por Ramiro Castiñeira (Econométrica)
La última década fue otra gran oportunidad para Latinoamérica. Para los países que vendían energía, el precio se le multiplicó por 5, para los que vendían minerales, el precio se le multiplicó por 3, para los que vendían alimentos, el precio se les multiplicó por 2. Sobre la bonanza comercial, sobrevino un maná de todavía mayor magnitud como fue el ingreso de capitales a la región, escapándose de las tasas en mínimos históricos en los países desarrollados.
Si bien la avalancha de dólares posibilitó impulsar el consumo y avanzar en la reducción de la pobreza, poco se hizo para lograr un cambio estructural que permita a Latinoamérica avanzar en exportar algo más que commodities. Más aún, el déficit externo que muestra la región sin siquiera un aumento en la tasa de inversión, habla más bien de un boom de consumo, además de que Latinoamérica no supo ahorrar ni cuando le sobraron dólares.
Ahora el boom de los commodities empieza a quedar atrás, y la mayor parte de la región llega sin superávit comercial y compromisos por pagos de rentas que sustentan el déficit externo promedio de 3% del PBI.

Venezuela es el más castigado de la región ante el colapso de los commodities y el menos preparado para enfrentarlo, dejando al país a las puertas de una crisis de magnitud, con inflación y devaluación de tres dígitos y posibilidad cierta de default.

Brasil apoyó su crecimiento sobre la entrada de capitales. Cuando dejaron de entrar, Brasil se estancó y ahorra que se aprestan a salir, Brasil ya está en recesión. El ritmo en que salgan los capitales marcará la magnitud de la recesión y devaluación del 2015.

Argentina aprovechó la primera parte del boom de commodities para desendeudarse, posiblemente el mayor logro de la década. Pero una vez que perdió el superávit fiscal (2009), el Gobierno se apoyó en la monetización del déficit para cubrir la diferencia, política que hizo resurgir la inflación a dos dígitos, atrasar las tarifas, el tipo de cambio y el nacimiento del cepo.

El nuevo escenario internacional agarra a la Argentina desendeudada, pero paradójicamente sin acceso a los mercados de capitales. Igualmente, ante el colapso del saldo comercial por los nuevos precios internacionales, rápidamente el Gobierno abrió un canal de financiamiento vía swaps de monedas con China, casi por la misma magnitud al colapso del saldo comercial.

A cambio, el Gobierno le otorga adjudicaciones directas en obras públicas a empresas Chinas, sin pasar por una licitación internacional, que asegure precio, calidad, plazos y transparencia en la gestión de las obras. La intención del Gobierno de no devaluar en el año electoral, se sostendrá mientras continúen llegando los swaps que reemplacen los dólares que ya no traerá la soja.

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