Hamid Ansari: U$S 1.200 millones para una planta nuclear en el país

El inversor estadounidense de origen iraní está detrás de Meitner Energy, la compañía que proyecta construir en Atucha un reactor modular de tecnología argentina. INVAP participa del negocio y el proyecto aspira a convertirse en uno de los primeros beneficiarios del Súper RIGI.
La energía nuclear argentina fue durante décadas un territorio dominado casi exclusivamente por el Estado. Un empresario poco conocido en el país quiere cambiar ese modelo: Hamid Ansari, inversor estadounidense de origen iraní, está detrás de un proyecto de US$1.200 millones para construir un reactor nuclear modular en el complejo Atucha, en Lima, provincia de Buenos Aires.
La iniciativa fue presentada ante el Ministerio de Economía por Meitner Energy, una compañía que combina capital privado estadounidense y tecnología argentina. El proyecto contempla un reactor ACR-300, de unos 300 MW, y un plazo estimado de construcción de cinco años. La inversión, según fue presentada al Gobierno, sería financiada íntegramente con capital privado estadounidense.
La estructura empresaria resulta particularmente novedosa. Ansari Group controla el 60% de Meitner, mientras que el 40% restante está en manos de Black River Technology, subsidiaria estadounidense de INVAP. De esta manera, el conocimiento nuclear argentino se combina con capital y una estructura comercial norteamericana para intentar desarrollar un reactor con posibilidades de proyectarse también al mercado internacional.

TECNOLOGÍA Y ESPACIO

Un empresario ligado a la tecnología y al espacio
Hamid Ansari no proviene originalmente del negocio energético. Graduado en informática y telecomunicaciones en la George Washington University, construyó buena parte de su trayectoria como emprendedor tecnológico e inversor.
Fue cofundador y presidente de Telecom Technologies, empresa que se fusionó con Sonus Networks en 2001, y posteriormente cofundó Prodea Systems, especializada en Internet de las Cosas. También desarrolló una importante actividad en fusiones y adquisiciones, participando en operaciones valuadas desde decenas de millones hasta más de US$1.000 millones.
Su apellido, además, quedó ligado a otra apuesta tecnológica de alto riesgo. Hamid y su familia patrocinaron el Ansari XPRIZE, el premio de US$10 millones que en 2004 recompensó al primer proyecto privado capaz de enviar al espacio una nave tripulada reutilizable dos veces en menos de dos semanas. La competencia, ganada por SpaceShipOne, se convirtió en uno de los hitos iniciales de la nueva industria espacial privada.
La vinculación familiar con el espacio fue todavía más lejos. Su esposa, Anousheh Ansari, ingeniera y empresaria que participó junto con Hamid en Telecom Technologies y Prodea, viajó en 2006 a la Estación Espacial Internacional y se convirtió en la primera mujer exploradora espacial privada y la primera persona de origen iraní en viajar al espacio. Actualmente dirige la Fundación XPRIZE.

DEL ESPACIO A LA ENERÍA NUCLEAR

Ahora Ansari busca trasladar esa inclinación por las tecnologías disruptivas al negocio energético. Meitner apuesta a los denominados SMR (Small Modular Reactors), reactores de menor potencia que las centrales nucleares convencionales y que prometen reducir costos, tiempos de construcción y complejidad mediante diseños más estandarizados.
El interés mundial por esta tecnología aumentó con fuerza por una razón adicional: el crecimiento de los centros de datos y de la inteligencia artificial está disparando la demanda de electricidad continua. En ese escenario, la energía nuclear recuperó protagonismo como una fuente capaz de suministrar grandes cantidades de energía sin emisiones directas de carbono.
Meitner pretende que la Argentina no sea solamente consumidora de esa nueva tecnología, sino también desarrolladora.
El primer ACR-300 se levantaría en terrenos del complejo Atucha y constituiría, si consigue completar el proceso técnico, financiero y regulatorio, una experiencia inédita de financiamiento privado para una nueva central nuclear argentina.

LA APUESTA DE INVAP

Para INVAP, el proyecto ofrece una oportunidad diferente. La empresa rionegrina acumuló durante décadas experiencia en reactores de investigación y exportó tecnología nuclear a países como Australia, Egipto y Argelia. Pero ingresar al mercado de reactores comerciales para generación eléctrica representaría un salto de escala.
La asociación con Meitner apunta precisamente a convertir ese conocimiento en un producto comercializable internacionalmente.
El proyecto tiene además una condición económica importante: pretende aprovechar el denominado Súper RIGI, la ampliación de los incentivos a grandes inversiones destinada, entre otros objetivos, a proyectos tecnológicos de gran escala.
Por eso, los US$1.200 millones deben considerarse por ahora una inversión proyectada y no un desembolso ya asegurado. Antes de que comiencen las obras deberán resolverse el financiamiento definitivo, las autorizaciones de la autoridad nuclear, las condiciones para utilizar el predio y las sucesivas licencias necesarias para construir y operar el reactor.
Pero la iniciativa ya introduce una novedad en un sector históricamente dominado por el Estado: la posibilidad de combinar tecnología nuclear argentina y capital privado internacional.
Para Hamid Ansari, el ACR-300 representa un nuevo capítulo de una trayectoria que comenzó en las telecomunicaciones, pasó por Internet y la industria espacial privada y ahora desembarca en la energía nuclear.
Para INVAP, puede ser la oportunidad de transformar décadas de conocimiento tecnológico en un producto de exportación. Y para la Argentina, será una prueba concreta de hasta dónde puede llegar la inversión privada en uno de los sectores más estratégicos de su economía.

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