Fin de año: ¿Porque no nos alcanza el tiempo?

“Estoy ocupado, no tengo tiempo”. Esta frase se oye todos los días en cualquier ámbito laboral y ya parece natural que nadie encuentre un momento para un encuentro o una actividad imprevista. Y esta sensación de agobio parece incrementarse a medida que nos acercamos al final del año. Cómo ser […]

¿Porque no alcanza el tiempo?

“Estoy ocupado, no tengo tiempo”. Esta frase se oye todos los días en cualquier ámbito laboral y ya parece natural que nadie encuentre un momento para un encuentro o una actividad imprevista. Y esta sensación de agobio parece incrementarse a medida que nos acercamos al final del año. Cómo ser más eficientes y mejorar nuestra calidad de vida.

Se acerca fin de año y la actividad laboral pareece súbitamente incrementarse, como si fuese un fenómeno natural, consumiendo cada vez más tiempo de nuestra vida, hasta que nuestra cabeza dice basta. Sin embargo no es el trabajo el que aumenta a fin de año, sino nuestra impaciencia por terminarlo o de acabar lo que no se pudo hacer en 11 meses. Pero en muchos casos el principal culpable es la mala planificación del tiempo que hace la mayoría de la gente. Todos disponemos de los mismos 7 días de la semana con sus 24 horas. La adecuada administración depende únicamente de nosotros.
La gestión del tiempo es fundamental en la sociedad en que vivimos, sobrecargados de tareas y distracciones de pantalla, informalmente conocidos como “ladrones de tiempo”. Una adecuada gestión del tiempo mejorará nuestra calidad de vida, evitándonos el estrés, la ansiedad y el caos, y llegando más tranquilos al 31 de diciembre.

Algunos consejos pueden parecer obvios, pero no se trata de ser original sino de “cumplir” estos pasos. Primero, debemos trabajar en un entorno ordenado y organizado. No podemos hablar de gestión y administración del tiempo si nuestra mesa de trabajo está totalmente desordenada. Debemos dedicar unos minutos, preferiblemente al final de la jornada laboral, para recoger y clasificar documentos, folios y herramientas de trabajo con el propósito de contar con un entorno organizado.

La agenda es nuestra mejor herramienta en la gestión del tiempo. Puede ser la de un móvil, pero los mejores resultados son “a la antigua”: con libreta y lapicera. Esto nos permite planificar, organizar y poner prioridad en nuestras tareas, además de nuestras citas y nuestros compromisos. Debemos tenerla siempre disponible para apuntar nuestros nuevos compromisos y poder revisarla regularmente para recordarlos.
Paso previo a la planificación de las tareas es el establecimiento de los Objetivos. Estos pueden ser ambiciosos, pero a esta altura del año, es conveniente que sean realistas y alcanzables, para ser capaces de motivarnos y estimularnos.

Plan de tareas

En función de los objetivos marcados planificaremos nuestras tareas y funciones. Es recomendable identificar por adelantado las tareas a realizar cada semana (o cada mes, en función de la magnitud de tu proyecto).
Con la agenda en la mano podremos priorizar. Al otorgar una jerarquía a las tareas podremos reservar el tiempo suficiente para realizar las importantes. Es fundamental definir cuáles son las tareas prioritarias para asegurarnos de su ejecución.
Cuando ya tengamos tiempo asignado para realizar cada tarea prioritaria podremos planificar la realización de las tareas no prioritarias. Siempre tenemos que contar con un margen para afrontar posibles imprevistos.
Debemos conocer cuáles son nuestras horas de mejor rendimiento, en las que estamos más concentrados. Intentaremos realizar las tareas prioritarias en estos tiempos para realizarlas del modo más eficiente posible. Las tareas no prioritarias las realizaremos siempre en nuestras franjas horarias de menor rendimiento (por lo general suele ser después de comer o al final de la jornada laboral).
Si contamos con tareas complejas lo ideal es descomponerlas en tareas más pequeñas. Esta es la “metodología Scrum” que permite abordar proyectos complejos descomponiendolos en pequeñas tareas y optimizando recursos de tiempo, económicos y de organización de equipo.
Tenemos que aprender a delegar responsabilidades. Debemos centrarnos en aquellas tareas que realizamos especialmente bien delegando el resto en personas de confianza con competencias para realizarlas mejor: realizarán la tarea en menos tiempo y con una calidad superior.
Al finalizar el plazo que habíamos reservado para la ejecución de las tareas tenemos que realizar un ejercicio de control: ver qué tareas de las que nos habíamos comprometido hemos realizado, cuáles no hemos acometido y por qué no lo hemos hecho.
El descanso es elemental en la gestión del tiempo. Para aprovechar al máximo nuestro tiempo no hace falta estar trabajando toda la jornada laboral sino que cuando lo hagamos saquemos toda nuestra productividad. Los descansos nos permiten recobrar energías, desconectarnos de tareas poco agradables y llenarnos de optimismo.
Hay que recordadr siempre que la mala gestión del tiempo tiene su origen en malos hábitos. Nunca dejes de cuestionarte tu mecánica de trabajo para implementar una mejora continua.
Y, por último, identifica tus principales vías de pérdida de tiempo (los “ladrones de tiempo”) y prepara un plan para combatirlos.

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