Nicolas Berggruen: Las múltiples caras de un millonario atípico

Nicolas Berggruen: Las múltiples caras de un millonario atípico

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Abandonó su bienes materiales para no `estar atado´, pero sigue haciendo negocios millonarios. Es hijo y nieto de artistas, pero su arte lo demostró en la bolsa y comprando empresas en todo el mundo. Es un intelectual que pregona la austeridad, aunque se lo puede ver en fastuosas fiestas en cualquier lugar del mundo. ¿Quién es Nicolas Berggruen?


 

FICHA:  Nicolas Berggruen
Patrimonio Neto: US$ 1.6 M millones (Abril 2015)
Rankings de riqueza: #1250 (Forbes, 2015) #869 en 2014
Edad: 54 años
Ocupación: Inversor, filántrpo, intelectual.
Status Marital: Soltero, sin hijos.
Residencia: Sin residencia fija.
Fecha de nacimiento: 10 de agosto de 1961, París, Francia.
Nacionalidad: Alemana y estadounidense
Padres: Heinz Berggruen (merchant) y Bettina Moissi (actriz).
Educación Superior: Universidad de Nueva York, Instituto Le Rosey (París)


 

Quince años atrás, Nicolas Berggruen vendió su apartamento decorado con porcelanas chinas y cuadros originales en el piso 31 del lujoso Hotel Pierre en Manhattan. Lo mismo hizo con su casa Art Deco en una isla privada cercana a Miami. En cierta forma se convirtió intencionalmente en un homeless. Rápidamente la prensa le dedicó el irónico apodo de multimillonario sin hogar (`homeless billonaire´) con el que se lo conoce hasta hoy.
No me interesa poseer cosas. Vivir en un gran entorno para demostrarme a mí mismo que soy rico, no tiene ningún interés. Todo lo que tengo es temporal. Lo que hacemos, nuestras acciones, es lo único que perdurará. Es lo único que tiene valor real“, declaró en una entrevista reciente en The Wall Street Journal (WSJ)
Antes de empacar se cuido de dejar a resguardo las obras de arte, que incluyen las mayores colecciones de Picasso (170 obras), Paul Klee (80 obras), Warhol, Basquiat e innumerables artistas consagrados, adquiridas por su padre y también por el, que dejó a salvo en galerías de todo el mundo.
Berggruen vive solo, nunca se casó y no tiene hijos, y aunque permanentemente lo rodea gente, tiene muy pocos amigos. Viaja a más de 80 ciudades cada año, por lo que vive con su móvil, algunos pares de jeans, y uno o dos trajes.
A los 54 años, se mantiene jovial, con su cabellera negra, sus ojos azules y su rala barba. Y algunas posesiones, lo siguen atando, o más bien elevando, como su avión Gulfstream IV, valuado en US$ 36 millones, que lo lleva a sus hoteles 5 estrellas preferidos, como el Claridge´s de Londres o el Carlyle en Nueva York. Recientemente ha comprado casas en Nueva York y en Los Ángeles, para evitar el apodo de “multimillonario homeless” que no le agrada en absoluto. Sin embargo esas casas siguen sin habitarse.

Menos posesiones: más negocios

Pero nada lo ha alejado de los negocios. Por el contrario, con menos propiedades se permite concentrarse más en ellos, según explica.
El hombre que se ha confesado un adicto al trabajo, es el chairman de Berggruen Holdings, empresa que maneja activos en diferentes partes del mundo, y tiene oficinas en Nueva York, India, Turquía e Israel e inversiones en el sector de la energía renovable, cadenas de hoteles, escuelas de formación profesional, campos de arroz, el negocio inmobiliario y muchos etcéteras.
El Holding es una de las equity firm con más éxito en la compra, saneamiento, recuperación y venta (puesta en valor) de empresas en problemas.

Berggruen ha llegado a comprar simultáneamente más de 30 compañías, tan disímiles como producciones agrícolas en Australia, una aseguradora de vida británica, una editorial portuguesa, una tienda por departamentos alemana, o proyectos de desarrollo de real estate desde Turquía hasta la India.

Educación y carrera empresarial

Nicolas nació en París, el 10 de agosto de 1961. Sus padres, el marchand de arte Heinz Berggruen, había huido de la Alemania nazi por su condición de judío, y la actriz alemana Bettina Moissi, su segunda esposa, con la que tuvo tres hijos. Desde niño Nicolas vivió en una casa en la que se respiraba arte, y por la que pasaban amigos de su padre de la talla de Pablo Picasso.
Pero Nicolas era distinto, incluso a sus dos hermanos Olivier y John, quienes demostraban mayor inclinación y talento artístico. En su primer adolescencia, Nicolas estudió en la École Alsacienne de París. Usualmente mataba el tiempo escribiendo constituciones “utópicas” y, de vez en cuando, peleándose con las autoridades. Esta actitud no cambió cuando lo trasladaron a un lujoso internado en Le Rosey, en Suiza. Tal es así que fue expulsado de la institución por “insubordinación” al proclamar la autogestión del establecimiento que terminó en una pequeña revuelta. Por esta razón su educación secundaria culminó en un sencillo liceo público de París.
Pero aún antes de completar el baccalauréat en 1978, a los 17 años, ya trabajaba en prácticas para el London Merchant Securities, hoy conocida como LMS Capital Plc.
Sus padres debieron aceptar su inclinación a los negocios, y costearon su mudanza a Manhattan para estudiar finanzas en la Universidad de Nueva York.

Nace un artista (de los negocios)

En 1981 se licenció en Finanzas y Empresas Internacionales en la Universidad de Nueva York. De inmediato se enroló en la compañía de inversión Bass Brothers Enterprises, en su departamento inmobiliario. Entre 1983 y 1987, Berggruen trabajó para Jacobson and Co.
Con unos pocos miles de dólares en ahorros, Berggruen comenzó a probar suerte en acciones y bonos. Como inversionista, sus decisiones eran eclécticas, pero su agudeza para detectar los negocios era extraordinaria. Usó sus cuantiosas ganancias para comprar propiedades en la Nueva York de la década de los 80´s, cuando los bienes raíces de la “Gran Manzana” en su mayor parte estaban “destruidos“.
Mientras Nicolas se interesaba por los negocios, sus otros dos hermanos se inclinaron finalmente por el arte: John Berggruen, es el actual dueño de su Galería en San Francisco y Olivier Berggruen, es curador de arte en el Centro Kunsthalle en Frankfurt. Su padre, entre tanto, creó el Museo Berggruen de Berlín, uno de los más importantes de Europa, con innumerables cuadros de sus amigos Pablo Picasso y Paul Klee.
Nicolas, entre tanto, comenzaba a levantar su fortuna en Nueva York, basado en un fondo fiduciario por valor de 250.000 dólares, comprando propiedades inmobiliarias antes de pasarse a las acciones, bonos y a carteras de inversiones privadas y fondos de capital riesgo y hedge funds que lo harían millonario.
En 1984 fundó Berggruen Holdings, trabajando como asesor de inversiones para el fondo de inversión familiar.
En 1988, Berggruen y el empresario colombiano Julio Mario Santo Domingo, Jr. fundaron Alpha Investment Management, exitoso hedge fund que vendieron a Safra Bank recién en 2004.
Con la globalización comenzó su expansión y diversificación de negocios, comprando cadenas de hoteles en todo el mundo o al fabricante de lentes FGX, que reestructuró enérgicamente y sacó a bolsa con una suculenta ganancia.

Bon Vivant

Pero Berggruen también disfruta de la frivolidad. Es habitué de encuentros fastuosos en todo el mundo y su calendario social siempre está completo, no importa en dónde se encuentre. Se reserva la oportunidad de almorzar o cenar con personas que lo intrigan o fascinan. Desde escritores, famosos artistas, o líderes mundiales. Su capacidad intelectual hace que cualquier mano a mano sea enriquecedor para ambas partes.
En las veladas, Berggruen recibe los flashes de los paparazzis que lo retratan con hermosas mujeres, como la actriz británica Gabriella Wright.
Lo primero que uno piensa es en un gran playboy internacional, al que se lo ve en diferentes eventos alrededor del mundo con hermosas mujeres del brazo” dice su amigo Vicky Ward, editor de la revista Vanity Fair. Y es posible que esa sea la otra cara de “Berg”.
Cada año, durante la semana de la ceremonia de entrega de los Oscars, invita a amigos, conocidos y famosos a una fiesta en el Chateau Marmont en Hollywood para homenajear a nominados y premiados por la Academia. Algunos infaltables son Paris Hilton, Woody Harrelson, o Leonardo DiCaprio.


La compra de Prisa

La acción que le valió a Berggruen transformarse en alguien con cierta notoriedad en el mundo hispanohablante y sobre todo en España, fue la compra del 70% del paquete accionario del Grupo Prisa, el multimedio más importante de España, dueño del diario El País y de decenas de medios más en la península ibérica y en Latinoamérica. Para ello debió convencer nada menos que a los fundadores e históricos dueños del multimedios: la familia Polanco, de reducir su participación a un 30% en el conjunto accionario. Ahora se sabe que la oferta de inversión que hizo Liberty en 2013 fue de U$S 868 millones, dándole aire para sanear deudas con sus acreedores y obtener nueva refinanciación, justo al borde del abismo. La gestión ha sido tan exitosa, que actualmente el conglomerado de medios bajó su endeudamiento a casi el 50%, e incluso planea crecer en Latinoamérica.


Crisis mundial y cambio

En 2008 Berggruen queda espantado por la crisis financiera, el descontrol de los bancos, y el aturdimiento mayor de los políticos que no sabían por dónde comenzar a salir.
Quería contribuir con alguna solución. Vivía en California, un estado casi en bancarrota, pero que tiene un sistema de consultas populares que permite que grupos de particulares propongan leyes directamente a los votantes. Entonces convino en un cónclave con amigos, entre Condoleezza Rice y George Shultz; el presidente de Google, Eric Schmidt; y el ex gobernador de California Gray Davis. El grupo sugirió que la única salida sería la creación de un fondo para años de vacas flacas, requiriendo que el estado estableciera reservas. Además, permitir a la asamblea de California aprobar el presupuesto con mayoría simple en vez de dos tercios. Los votantes californianos apoyaron ambas propuestas. Así los congresistas dieron así luz verde a recortes de gasto que cerraron la brecha presupuestaria y se estableció el “fondo para malas épocas”. Luego de estos éxitos, Berggruen preparó el terreno para repetir el proyecto en la castigada Europa. En 2010 fundó el N.Berggruen Institute, para desarrollar e implementar sistemas de gobernanza más efectivos.
En julio de 2010, voló a la isla alemana de Borkum, y entusiasmó al ex canciller Gerhard Schroeder, con sus ideas. Así, en septiembre de 2011, se constituyó el llamado Consejo para el Futuro de Europa, que incluyó inicialmente a Schroeder, Tony Blair, Felipe González, Robert Mundell y Joseph Stiglitz, ambos premio Nobel.

Para Berggruen las democracias occidentales están enfermas de “cortoplacismo”. “La democracia se convirtió en otro artículo de consumo. Los políticos ofrecen soluciones rápidas que los votantes compran y tiran. Nadie está dispuesto a sacrificarse por un futuro mejor. Todo es satisfacción: aquí y ahora. Lamentablemente, en la economía, alguien siempre está pagando tu fiesta.”, explica.

La solución para el germano-estadounidense fue aprender de las autocracias de Oriente como China, en sus aspectos más positivos como el de pensamiento a largo plazo.
El think tank inicial ya ha organizado innumerables foros en todo el mundo. Berggruen se ha convertido en un intelectual de la política que es invitado a los programas para hablar la nueva gobernanza del siglo XXI.
Al Instituto ya adhieren más de 30 ex presidentes europeos y casi un centenar de pensadores, premios Nobel, y empresarios y tiene sedes en Los Ángeles, Berlin, Nueva York, Washington, D.C., Zürich y Beijing.

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Un libro provocador
En 2012 Berggruen sistematizó muchas de sus ideas en el libro Gobernanza Inteligente para el siglo XXI: “Un camino intermedio entre Oriente y Occidente”.
El libro es provocador. Critica a la democracia liberal adormecida que no quiere resolver la crisis, y propone implementar lo mejor de Occidente y Oriente: “Por un lado, Europa y EE UU se hallan en una clara crisis de gobernanza. En las democracias occidentales el poder tiene legitimidad, pero no logra implementar cambios estructurales fundamentales. Por el otro, China experimenta un gran crecimiento, toma eficazmente medidas a largo plazo, pero con el bienestar, se enfrenta a crecientes demandas de transparencia, control del poder y participación, cualidades propias de la democracia”, explica.


 

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