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La tecnologización del trabajo, restará puestos de trabajo en el área del trabajo pesado, es decir en los puestos masculinos, pero creará nuevas profesiones en áreas en las que más destacan son las mujeres: innovación, ideas superadoras y empatía.

Hace poco tiempo, la palabra innovación era sinónimo de una ventana a la modernidad, el pasaje para ingresar al nuevo mundo en el que la tecnología rompería las barreras de lo posible. Casi un mundo feliz, en el que el bienestar está al alcance de la mano, gracias a algoritmos y artefactos que realizan tareas más rápido y con mayor rigor que cuando recaían en la rutina humana.

El miedo ganó lugar, cuando se pensó dos veces en esos puntos. ¿Y si fuera más lo que tenemos para perder que la potencial ganancia?. Una lógica actitud conservadora, casi atávica. El hombre busca poder retener zonas de aparente confort, aun cuando lógicamente observado, lo que sucede en otras latitudes adviertan lo contrario.

La contra-ola al temor focalizado en la pérdida de puestos de trabajo, surge a partir de redescubrir que la misma innovación, cada vez ofrece más alternativas que hacen difícil sacar una conclusión de antemano. Pero aun pensando en empleos, el avance tecnológico también crea unos de otro tipo, que ni siquiera podemos imaginar.

Por mucho tiempo, las trabas que enfrentaron las mujeres para incorporarse plenamente al mercado laboral, no tuvieron que ver tanto con restricciones genéricas, sino con obstáculos que sostenían tradiciones culturales o pautas organizacionales pensadas por y para varones.

Por eso, para las mujeres, el cambio termina por convertirse más que en una amenaza en una oportunidad. Es que los “nuevos puestos de trabajo” tienen un “acento femenino” mucho más marcado.

Por ejemplo, la adopción acelerada de procesos sobre la base de Inteligencia Artificial (IA) crea una serie de nuevos empleos para los que aún no tenemos nombres y que surgirán nuevas habilidades en áreas como la robótica y el reconocimiento de patrones. Trabajos que se alejan de lo rutinario y se fundamentan en la interacción con las personas en áreas clave como salud, en la que la empatía y actitud de servicio son claves; en el entrenamiento y educación, en las que la facilidad para comunicar resulta decisiva y la interpretación multivariable de la catarata de datos que la minería de datos y nuevos procesadores permiten conseguir.

En todos ellos las mujeres están mejor preparadas, a lo que suman un factor decisivo y que daría pie para otra nota adicional: el cambio de paradigma del estilo de liderazgo, pasando del autoritario-burocrático al más cercano pero inspirador.

Eso no tiene género, pero las mujeres en general han cultivado su forma de ejercer la autoridad sobre la base de la inteligencia emocional y la multiplicidad de tareas, una antigua restricción reconvertida como una fortaleza.

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