¿América latina podrá transformarse en una región competitiva?

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El crecimiento de América Latina en los últimos 50 años ha sido muy pobre en relación al promedio de los países en desarrollo (emergentes). ¿A que se debe este fenómeno?.

Por el Prof. Eduardo Fracchia (IAE Business School)

Todas las regiones, excepto África, obtuvieron mejores resultados que América Latina en cuanto a crecimiento en las últimas décadas. Nuestra posición en el contexto mundial, en términos del PIB per cápita, pasó de ser la segunda a la quinta para este período, quedando, de esta manera, detrás del Sudeste Asiático, el Oriente Medio y el este de Europa y aventajando solamente al resto de Asia y a África. Esas fueron las tasas del año pasado, en un contexto más favorable que el actual, y con “viento de cola”.

Durante la década de los 90 se recuperó levemente tras un desempeño muy desfavorable durante la “década perdida”, los 80, alcanzando una tasa de crecimiento promedio anual del 1,5%. Una de las causas del bajo crecimiento en la década de los 90 fue el crecimiento mediocre de la productividad en la región. Mientras el stock de capital físico creció a un promedio anual de 2,6% y 3,7% en los ochenta y noventa respectivamente, la productividad laboral decreció a una tasa promedio anual de 25% en los 80 y prácticamente se mantuvo estancada en los noventa.

Por su parte en los países desarrollados, Europa Oriental y en el resto de Asia, la productividad laboral creció a una tasa promedio anual de 0,56%, 0,82% y 0,69% en los 90 respectivamente, lo que muestra el retraso relativo de la región latinoamericana.

A partir del 2000 esta tendencia mejoró. El crecimiento que existió en la década de los 90 no redujo los niveles de pobreza, entre otras causas, por el bajo nivel de educación, la alta volatilidad y la incapacidad de generar buenos empleos y aumentar los ingresos de los trabajadores menos calificados. Esto se refleja en la desigualdad de los ingresos en varios países.

Si se quiere reducir la pobreza y la desigualdad hay que lograr con urgencia recuperar, acelerar y hacer menos volátil el crecimiento económico. En este sentido es clave la gestión de los flujos de capitales. Hacen falta medidas para asegurar que el crecimiento beneficie de manera sostenida y en mayor medida a los sectores más pobres para que se produzca un efectivo derrame cuando aumenta el ingreso.

Los trabajos realizados por la CEPAL muestran que las razones principales para explicar el escaso crecimiento desde fines de los 80 en la región se deben a:

  • Baja calidad de las instituciones públicas
  • Inadecuación de las políticas macroeconómicas
  • Debilidad del sector financiero
  • Baja calidad de la infraestructura física
  • Insuficiente nivel de capital humano y existencia de un contexto internacional por momentos adverso (Ej: altas tasa de interés de la Fed, términos de intercambio en descenso, retiro de capitales con dinámica de sudden stop)

    A nivel de cada país esta información que es objetiva, datos duros, se combina con la percepción subjetiva de los dirigentes de empresa. El mix se refleja en los índices de competitividad del WEF (World Economic Forum) que arrojan valores relativamente desfavorables para la región con la excepción de Chile que está alrededor de la posición 30.

    Los estudios de la WEF muestran una doble causalidad en la reducción de la pobreza y en promover el crecimiento que es, quizás, el gran tema pendiente para la región. El crecimiento es un factor muy importante para la reducción de la pobreza, pero a la vez las acciones dirigidas a reducir la pobreza pueden influir mucho en el crecimiento.
    Así en los 90 los altos niveles de pobreza, desigualdad y exclusión limitaron la posibilidad de crecer a tasas más altas como hubiera sido deseable.
    Por otro lado, las instituciones públicas que juegan un rol importante en el crecimiento, son las que permiten a la sociedad y a sus negocios beneficiarse de sus esfuerzos productivos. Ya que las empresas son, en definitiva, quienes van a retribuir estos beneficios invirtiendo en educación, tecnología, capital físico y calidad del medio ambiente; se necesita en tonces protección de los derechos de propiedad, respeto a la ley y a los compromisos y ausencia de corrupción. Aunque medir la calidad de las instituciones no es fácil, en Latinoamérica los problemas respeto de la ley y de la corrupción son claros y serios a la vista de cualquiera.
    Estudios específicos muestran que 16 de los 26 países de América Latina están debajo de la media mundial en cuanto al respeto de la ley y 18 lo están en lo que se refiere a la corrupción. Pero no todo se reduce a las instituciones, el contexto de las políticas económicas es también relevante.
    Las políticas macroeconómicas inadecuadas son muy perjudiciales para el crecimiento cuando ponen en riesgo la estabilidad de los precios y cuando no permiten que el gasto público sea sostenible. Si bien en la región se progresó en esta materia, todavía hay países afectados por este mal funcionamiento de la macroeconomía.
    Por ejemplo entre 1998 y 2012 cuatro países tuvieron una inflación anual del 20 % en alguno de esos años. A fines de 2012, 11 países de 26 tenían una deuda pública por arriba del 40% del PIB. Como las posibilidades de los gobiernos de recaudar impuestos son limitadas el objetivo de sustentabilidad fiscal es inestable.
    Pueden citarse los trabajos de Reinhart de intolerancia a la deuda, estos supone un límite al endeudamiento en que el techo es muy inferior si el país es desarrollado. El número que se propone para emergentes es 30%.

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