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Argentina ocupa una de las peores posiciones en el ranking global de comportamiento empresarial. Algunos especialistas creen que el régimen penal de personas jurídicas representa un paso adelante para corregir tal demérito. Otros no, ya que consideran que se trata de un problema cultural.

El diagnóstico es lapidario. La Argentina se encuentra en el puesto 132º entre los 138 países clasificados en materia de ética corporativa por el Foro Económico Global, sólo por encima de Venezuela, Paraguay, Chad, Hungría, Bolivia y Mauritania.

Nuestro país tiene arraigada una fuerte cultura del dinero rápido, con un gran número de gobernantes y empresarios que, históricamente, cometió actos de corrupción. A su vez, tenemos un entramado legal complejo, pero de bajo riesgo de compliance (fuerza de cumplimiento), ya que la justicia viene fallando sistemáticamente hasta el día de hoy”, sostiene Carlos Rozen, presidente de la Asociación Argentina de Ética y Compliance y socio de Gobernance, Risk & Compliance de BDO.

Carlos Rozen, presidente de la Asociación de Ética y Compliance y socio de BDO

Sin embargo, el especialista espera que el régimen de responsabilidad penal de las personas jurídicas, mejor conocido como “Ley de Responsabilidad Penal Empresaria”, “sea un punto de inflexión, sumado a una cultura más ética que se vaya instalando desde las más altas esferas y vaya permeando a la sociedad, mientras los primeros casos de condenas van apareciendo”. Aunque aclara que “hay una gran cuota de optimismo en esta última consideración”.

La ley y sanciones ejemplificadoras podrían ayudar sustancialmente. Cuando la pena sea más grande que el beneficio del defraudador y cuando se aplique, habremos metido un gol de media cancha en este difícil partido que nunca se terminará de jugar”, agrega.

De hecho, la principal novedad del proyecto en discusión en el Congreso radica en que las empresas podrán ser sancionadas si cometen delitos de corrupción. “Es una iniciativa que, de prosperar, sin duda significará un claro cambio en la materia. En igual sentido, también pueden mencionarse el proyecto de ley de extinción de dominio y la ley del arrepentido”, coincide al respecto Santiago Gamondés, jefe de Cátedra de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Belgrano.

Necesario, pero no suficiente

Del otro lado del mostrador, las grandes corporaciones vienen hablando, hace ya varios años, acerca de los esfuerzos que realizan para construir una cultura ética en sus respectivos interiores, y que terminan volcando en políticas y códigos al respecto.

Desde ya que un código de ética, adecuadas políticas y procedimientos o el canal de denuncias, por sí solos, no son suficientes. Sin embargo, una eficaz gestión del cambio y elementos que hacen a la transformación digital permiten grandes cambios. Muchas empresas ya lo están experimentando”, añade al respecto Carlos Rozen.

Un código de ética es útil pero no suficiente. Primero, deben establecerse sanciones en caso de su incumplimiento. Pero además, no se debe perder de vista que las empresas están formadas por personas. De esta manera, deben trabajar en el logro de una cultura ética”, observa Santiago Gamondés.

Incluso, para el especialista, el viejo debate sobre hasta cuánto es ético maximizar la ganancia aún permanece vivo al respecto.

Si bien tradicionalmente se entiende que la empresa por acciones debe únicamente incrementar sus ganancias, en beneficio de sus accionistas, existe otra visión que comprende a una compañía como una organización que debe cumplir con una función social, mejorando el entorno en el que se desenvuelve. En este punto, la responsabilidad social empresarial, como forma de gestión, vino a ocuparse del tema”.

Con ese propósito, en sus palabras, actuar en forma correcta debe también ser lo conveniente. Una vez más, el rol de las instituciones no puede pasar desapercibido: “En principio, habría que trabajar fuertemente para lograr que los costos de desenvolverse fuera de la ley sean significativos y desalentadores. Y que de ninguna manera pueda quedar espacio para que actuar en forma incorrecta sea una ventaja competitiva”.

La visión empresarial

El pobre rendimiento en materia de ética corporativa en la Argentina es consecuencia de muchos años sin que en el país existan los incentivos adecuados para actuar éticamente, para Juan Vaquer, presidente de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas (ACDE) y de DuPont para América latina.

Juan Vaquer, presidente de ACDE y de DuPont América latina

Establecer esos incentivos requiere llevar adelante esfuerzos educativos que permitan crear una cultura capaz de premiar las actitudes éticas con reconocimiento social y, a la inversa, de penar las desviaciones mediante una contundente sanción social, además de reglas claras y bien divulgadas, mecanismos de control y judiciales independientes, rápidos y eficaces, que sancionen a quienes las violen, y también que los dirigentes gubernamentales, empresariales, sindicales o sociales actúen con ejemplaridad ética”, sostiene. En ese sentido, asegura que es fundamental que cada empresario trabaje para que su empresa cuente con una sólida cultura ética: “No tengo dudas de que es posible en la Argentina. Me consta que hay muchas empresas que son un ejemplo en cuanto a sus valores éticos. Si queremos ayudar a transformar el país, debemos empezar por esforzarnos para que nuestras empresas sean un reflejo del país que queremos, ofreciendo un claro ejemplo por parte de quienes ocupan posiciones de jerarquía, y un ambiente de libertad y transparencia que promueva la discusión de temas éticos”.

Para el titular de la ACDE, “está comprobado que las compañías con una sólida cultura ética consiguen mejores resultados financieros de modo sostenible. Por otra parte, hay incontables ejemplos de empresas que parecían exitosas pero que terminaron perdiendo casi todo su valor, porque estaban basadas en conductas reprochables. Hay que tener en cuenta que, con las tecnologías actuales, es casi imposible mantener ocultas actividades ilegales o antiéticas. Todos tienen que operar bajo la premisa de que si quieres que algo no se sepa, no lo hagas”.

Javier Goñi, presidente de IDEA y gerente general de Ledesma

Javier Goñi, presidente del Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (IDEA) y gerente general de Ledesma, coincide con el diagnóstico. “Hay muchas hipótesis sobre las razones de esta grave crisis dirigencial en la que estamos inmersos: se perdió el valor esencial de privilegiar el bien común sobre el individual; líderes personalistas, con proyectos mesiánicos de poder, avasallaron las instituciones ante la indolencia, la complicidad y el egoísmo del resto y de la sociedad en general, y falta una justicia que actúe con celeridad y ecuanimidad, sin ser cómplice del poder de turno”.

Por eso, afirma que, para salir de esta situación, se requiere de una profunda transformación cultural. “Tiene que empezar por los líderes de la política, empresariales, sindicales, religiosos, del periodismo y la educación. Pero debe permear a toda la sociedad. La buena noticia es que comienza a haber una demanda social para cambiar en este sentido, reclamando transparencia y sanciones para los corruptos”, subraya.                 “Una empresa que hace bien las cosas, con valores éticos y respetando las instituciones, influencia positivamente no solo a  las personas que trabajan en ella, sino a su familias, sus proveedores, sus clientes y la comunidad. Es verdad que, en el corto plazo, si el entorno es corrupto, se pueden perder algunas oportunidades. Pero en el largo plazo es insostenible y un país corrupto, inviable. Las naciones más competitivas son aquellas donde los niveles de corrupción son menores”, puntualiza.                Desde esa perspectiva, el empresario sostiene que maximizar la ganancia no es malo intrínsecamente: “Ahora bien, no sólo hablamos de ganancia monetaria, sino de un modo más integral. Una empresa puede maximizar la ganancia monetaria en el corto plazo. Pero si lo hace a expensas de la comunidad donde actúa es insostenible y se le vuelve en contra. Por otra parte está el rol de Estado y la justicia, que deben evitar los abusos de poder, tan nefastos para la sociedad, de cualquier sector que vengan”.

Cuadro

 Comportamiento ético de las empresas

País                                                   Resultado

1        Suecia                                        6,3

2        Nueva Zelanda                            6,2

3        Singapur                                     6,2

4        Finlandia                                     6,2

5        Dinamarca                                  6,1

6        Emiratos Árabes Unidos               6,0

7        Suiza                                         6,0

8        Noruega                                     5,9

9        Holanda                                     5,8

10      Luxemburgo                               5,8

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129     Burundi                                     2,9

130     República Dominicana                 2,9

131     Brasil                                         2,8

132     Argentina                                  2,7

133     Venezuela                                   2,7

134     Paraguay                                    2,7

135     Chad                                          2,7

136     Hungría                                      2,6

137     Bolivia                                        2,6

138     Mauritania                                  2,5

Fuente: Foro Económico Global.

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¿Sería yo cliente de mi empresa?

En la Argentina, se confunde la ética con la ley o con la buena imagen, de acuerdo con las ideas de María Marta Preziosa, directora del Programa de Compliance, Ética y Derecho para Ejecutivos de Finanzas coorganizado por la UCA y el Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas.

En nuestra mentalidad, la idea de ética está ligada al control y la sanción, por un lado, y a la imagen o la reputación, por otro. Ambos enfoques encuentran el motivador de la conducta fuera de quien toma las decisiones. La creencia subyacente es que hay que portarse bien para evitar un supuesto castigo o bien de la ley o bien del consumidor o de los inversores o de los medios. Por el contrario, una visión ética de la empresa debe hacer foco en el sujeto que toma las decisiones: el directivo y la empresa”, explica.

Pensemos lo siguiente -continúa-: la idea de ventaja competitiva implica la noción de que alguien va a valorar mi ventaja y va a invertir en mí o comprar mi producto. La motivación, entonces, se reduce a que el otro lo va a valorar, pagando el precio. ¿Pero qué pasa si el consumidor quiere sólo precio bajo y no precio ético? ¿Y si el inversor quiere ganancia a corto plazo y no inversión sustentable?

Para la especialista, por lo tanto, la ética corporativa va mucho más allá de cumplir con la ley y ser honesto. “Es un intento permanente de ser justo. Justicia, no la de los tribunales, sino el hábito o la actitud, es tener la voluntad permanente de darle a cada uno lo que le corresponde: a los accionistas, a los clientes, a los proveedores, a los empleados y a la comunidad, al Estado y al medio ambiente”, asegura.

Pero la cuestión más interesante, desde su punto de vista, es la de la maximización de la ganancia. “Es la parte menos estudiada, más eludida y más difícil de analizar de la ética empresarial. La parte más clarificada es la de las muchas leyes que defienden la competencia entre empresas en beneficio del consumidor. La menos clara es la ética del precio, de la financiación y de las garantías. Dejo sólo una pregunta para la reflexión: ¿Sería yo cliente de mi empresa? Ese es el principio ético fundamental: no hagas a los otros lo que no te gustaría que te hicieran a ti”.

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Recuadro II

Cómo enfrentar la evasión

Tanto la corrupción como la evasión fiscal, unidas a la falta de penalidades efectivas, representan las principales razones del pobre papel que juegan las empresas radicadas en la Argentina en materia de ética, en opinión de Santiago Gamondés, jefe de Cátedra de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Belgrano.

Las causas de la evasión son múltiples y complejas. Existe una teoría, conocida como la curva de Laffer, que postula un punto de inflexión en materia de presión impositiva. Una vez alcanzado, a medida que se aumentan los impuestos, disminuye la recaudación. Creo que en nuestro país lo alcanzamos, con lo cual el Estado necesita rediseñar en forma integral y hasta audaz su política tributaria actual. Debe eliminar los impuestos distorsivos, redistribuyendo la presión tributaria, aumentando la masa de contribuyentes y logrando un eficiente uso de los recursos”, analiza.

Carlos Rozen, presidente de la Asociación Argentina de Ética y Compliance y socio de Gobernance, Risk & Compliance de BDO, agrega un matiz sobre el tema. “Mucha gente racionaliza su actividad fuera del marco jurídico como su única forma de subsistencia. La economía en negro, que entre otras cuestiones favorece el lavado, debería erradicarse mediante una fuerte y constante educación, el crecimiento real de la economía, un sistema tributario menos regresivo, y adecuada tecnología que saque parte del circulante y restrinja los medios de pago a los electrónicos”, señala.

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Recuadro III

¿Es ético reemplazar personas por robots?

El reemplazo de personas por robots como fuerza laboral también merece un debate ético que la sociedad aún no está preparada para dar, de acuerdo con Carlos Rozen, presidente de la Asociación Argentina de Ética y Compliance y socio de Gobernance, Risk & Compliance de BDO. “Tal vez podamos comenzar a pensar seriamente en el tema si nos damos cuenta que, para el 2050, habrá más robots que humanos. Y va a ser necesario pensar en regular rápidamente este problema, pues, aunque lo tilden de producto de la ficción, las máquinas podrían luego decidir por nosotros”, advierte.

La mirada de Javier Goñi, presidente de IDEA y gerente general de Ledesma, no es tan apocalíptica. “La tecnología tiene que estar al servicio del hombre. No veo allí un problema ético. Que se eliminen tareas de bajo valor agregado, que requieren gran esfuerzo físico y son repetitivas, en todo caso, plantea dos desafíos: uno es cómo manejamos la transición de los trabajadores hacia otro tipo de empleos que requieren de habilidades diferentes y, por lo tanto, de una recapacitación”, indica. “El otro es cómo los sistemas democráticos encuentran la forma de distribuir la riqueza generada, a partir de la incorporación de robots y del salto dramático de la productividad que debería producir, de forma tal de generar bienestar para toda la sociedad, manteniendo los incentivos para la superación y el crecimiento de los individuos”, completa.

Hernán Murúa

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