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ALIETO GUADAGNI

      “EL MULTI REFERENTE QUE VINO DE UN CONVENTILLO

Un ejemplo de superación. Desde orígenes muy humildes, supo construir una carrera de una increíble variedad de cargos públicos, locales e internacionales. Hombre multifacético, opina con la misma contundencia de Educación, Economía, Energía, Política, entre otros temas. Y su opinión siempre es a fondo, con fundamento técnico y sensibilidad social.

Yo nací en un conventillo, en la cortada Danel, del barrio de Boedo.  Y luego seguí viviendo en conventillos hasta los 19 años, cuando ya estaba en la universidad y tenía un sueldo con el que podía ayudar a mi familia. Ahí fue la primera vez que nos mudamos a un departamento”. Alieto Guadagni nació el 27 de febrero de 1932, hace de esto ya 85 años. Su pensamiento conserva la frescura y lucidez de siempre y por eso es frecuentemente consultada su opinión sobre los temas tan diversos de su versación: economía, energía, obras públicas, comercio exterior e inclusive educación. Gusta de dar opiniones rotundas e impactantes, pero siempre apoyadas en una batería de cifras que evoca con una memoria envidiable. Como también gusta recordar aquellos orígenes humildes, desde donde construyó en base a esfuerzo y talento, una carrera jalonada por una increíble variedad de cargos públicos de importancia, en el país y en el exterior, además de ejercer la docencia universitaria en varios países e inclusive la diplomacia.

     “Mi padre, obrero del calzado, era muy humilde y también lo era toda mi familia. Mi abuelo, inmigrante italiano, fue policía en Santa Fe. Hacíamos changas para arrimar unos pesos. Por ejemplo un tío, que era rengo, lustraba zapatos en una esquina de Boedo. Y cuando yo era chico, con ese tío vendíamos papel picado en carnaval: medio kilo por 10 centavos, un kilo por 20. Cuando ingresé en la escuela primaria no me regaló ningún juguete, sino un libro: “El manual del alumno”. Ese es un ejemplo de la visión que tenía aquella generación de inmigrantes italianos del futuro en la Argentina, gracias al esfuerzo y al estudio”.

También en esa infancia hubo situaciones difíciles y hasta trágicas: su madre contrajo tuberculosis, por lo cual estuvo internada durante tres años en un hospital público y Alieto tuvo que ir a vivir con sus abuelos.  Al poco tiempo, su hermana mayor murió de tos convulsa. Pese a todo su recuerdo de la familia le hace sonreir, sobre todo cuando evoca las discusiones de política. “Desde los seis años tuve un curso incentivo de política en mi familia. En ese entonces comenzó la segunda guerra mundial y todos los domingos yo asistía a un verdadero seminario de política internacional, en el almuerzo, que presidía mi abuela. Mi abuelo, italiano, era fascista; mi tía abuela era liberal republicana y mi tío era comunista. Pero la que cerraba todas las discusiones era mi abuela, que sobre todo era muy católica”.                      Era un barrio de inmigrantes, con mucha influencia del Partido Socialista y el conflicto en la vieja Europa se vivía con pasión. “En la propia escuela primaria, en los recreos se jugaba a la pelota, pero también se hablaba de la guerra, con un sentido deportivo: que iban a tomar tal ciudad, o que la línea Maginot no la defienden o que hundieron tantos barcos. Es que los chicos leían los diarios. Y había mucha división, estaban los pro germanos y los pro aliados”.                                                                        Su primer contacto con el peronismo fue el 17 de octubre de 1945, cuando vio pasar por la puerta de su casa las columnas de obreros que venían de las fábricas de Mataderos.  “En ese entonces –a diferencia de lo que pasa hoy- la base del peronismo era la clase trabajadora, la desocupación era muy baja. En cambio ahora hay un fenómeno nuevo que es la marginalidad social”.

El 17 de Octubre de 1945 fue su primer contacto con el peronismo.
     Su padre estuvo en la Plaza de Mayo aquel 17 de octubre y volvió eufórico a la medianoche. “Era sumamente peronista, al punto que pidió ser enterrado con la foto de Perón. Su tesoro era aquella foto dedicada por el general: para él era como un ícono religioso”.

Sin embargo Guadagni no siguió en su primera juventud las ideas políticas de su padre. “Un poco para llevarle la contra”, reconoce.  A los 22 años Alieto formó parte de la fundación de la Democracia Cristiana en la Argentina: fue en una convención realizada en la clandestinidad, en Rosario, “el 9 de julio del 54”, cita con precisión. “Había varios políticos muy valiosos, entre ellos Guido Di Tella”.

La primera vez que votó hizo de fiscal radical. “En el medio de la votación cayeron oficiales del Ejército. Cuando vio eso, el fiscal socialista de mi mesa se fue rápidamente y cuando volvió me dijo: `Pibe, te van a rajar´. Y así fue, a los cuatro meses me  echaron de Agua y Energía”.

En realidad, su relación con el peronismo comenzó en los ’60, muy influenciado por Antonio Cafiero, con quién compartía su adscripción a la doctrina social de la Iglesia Católica.

COMIENZOS DESDE ABAJO

Cuando estaba en tercer año del secundario “tuve que empezar a trabajar en serio y mi padre me hizo entrar en la empresa estatal Agua  y Energía. Por eso los dos últimos años los hice en la escuela nocturna. Los sábados teníamos clases hasta las diez de la noche”.

Quién sería dos veces Secretario de Energía y uno de los grandes especialistas en el sector, podría decirse que comenzó de muy abajo en el tema. Entró como personal de maestranza en Agua y Energía y al principio trabajó limpiando pisos y baños.  De esa época recuerda una anécdota curiosa: “Tenía de compañero a un señor que se llamaba Iglesias. Un día me dice: me voy a Londres, a las Olimpiadas. No tenía idea de que era boxeador y el caso es que salió campeón olímpico de peso pesado”.

Entró en la Universidad de Buenos Aires, donde se recibió de contador público. Poco después comenzó a trabajar en el grupo Sasetru, que era presidido por Jorge Salimei, miembro del Partido Demócrata Cristiano, quién más tarde sería Ministro de Economía.  En el 59 se casó y en el 60 se fue a Chile, a estudiar a Escolatina, Escuela Latinoamericana de Economía, donde estuvo dos años.                                                                                Fue un momento crucial en su vida, donde desechó otras oportunidades para cumplir su deseo de ser economista.  Lo cierto es que pasaron por Chile reclutadores de la Universidad de Berkeley y se fijaron en él. Así fue como Alieto se encontró viviendo en California con su mujer, donde se doctoró en economía. “Tuve grandes profesores en Berkeley, entre ellos algunos Premios Nobel”.                                                            El primer cargo público llegó cuando Salimei fue nombrado ministro de Economía. Guadagni, que era de mucha confianza de Salimei, formó parte de su equipo. Así fue síndico en la empresa estatal Segba e interventor del Consejo Federal de Inversiones.

Recuerda que por entonces tuvo un gran enfrentamiento con Alvaro Alsogaray, quién era embajador en Estados Unidos y acusaba al equipo económico de “gradualista”, mientras que él propiciaba una política de shock. “No hay nada nuevo bajo el sol”.

UNA CARRERA FANTÁSTICA

Su peregrinaje por la función pública había comenzado. La segunda misión fue reemplazar a Dagnino Pastore en la provincia de Buenos Aires, como ministro de Economía y Obras Públicas.  Tiempo después, Aldo Ferrer le ofreció ser Secretario de Recursos Hídricos.  Y cuando su amigo Cafiero llegó al Ministerio de Economía, Guadagni fue nombrado vicepresidente de la Corporación de Empresas Nacionales, cargo que mantuvo hasta el golpe de marzo de 1976.                                  Su regreso al gobierno fue en tiempos del general Bignone, como secretario de Energía.  “Y ese es un tema que hay que aclararlo –enfatiza-. Porque en ese momento ya se había convocado a elecciones y estaba vigente el acuerdo con la multipartidaria, de normalización del país.  Consulté a Cafiero y a Bittel, que era el presidente del Partido Justicialista y me alentaron a aceptar. Digo esto porque ahora hay alguno que cada vez que critico la gestión kirchnerista, me acusa de haber colaborado con la dictadura militar”.                                                                    Al ganar la gobernación de la provincia de Buenos Aires, Cafiero volvió a convocar a Guadagni, esta vez como ministro de Economía de la provincia. “Gran gobierno el de Cafiero, en el 87”, asevera.  Estando Guido Di Tella como canciller, lo reclamó para que fuera secretario de Relaciones Económicas Internacionales, cargo que desempeñó hasta que hizo su ingreso a la diplomacia, como embajador en Brasil. “Un gran canciller Di Tella y además un gran hombre: tan talentoso como generoso. El creó la Fundación y la Universidad Di Tella, poniendo los recursos de la familia para eso”.                            Un nuevo cargo gubernamental lo esperaba al finalizar su gestión diplomática: secretario de Industria, Comercio y Minería, que ejerció hasta que terminó el gobierno de Menem. Y ya bajo la presidencia de Duhalde, volvió a ser, por segunda vez, secretario de Energía                                                                Después se radicó en Washington, para desempeñar un cargo internacional de mucha importancia: director del Banco Mundial. Allí permaneció por cuatro años.                                  Pero también encontró tiempo para ejercer la docencia:  en Argentina fue profesor en la UBA y en el Instituto Torcuato Di Tella, y en América Latina, enseñó en Bolivia, Perú, Paraguay, Nicaragua, Honduras, República Dominicana, Panamá y Costa Rica.

                                   La variedad de temas abordados y anticiparse a su tiempo es una constante en su bibliografía.

PRIMERO LA EDUCACIÓN

Hombre multifacético, se interesa en muy distintas áreas, pero lo hace con pasión y a fondo. Así se convirtió en una opinión de referencia en lo concerniente a políticas educativas.                      “Algunos me dicen, ahora te interesa la educación… Pero yo el primer libro sobre el tema lo escribí en 1999. No es de ahora”.  El libro tiene un título quizás premonitorio: `En busca de la escuela perdida´.  En la actualidad, Guadagni es miembro de la Academia Nacional de Educación y dirige el Centro de Estudios de la Educación de la Universidad de Belgrano.

   “A medida que pasaban los años –refiere- fui entendiendo que el progreso de un país se mide de dos maneras: por el aumento del PBI  y si a uno le interesa la equidad social, por la mejora de la distribución del ingreso. La única actividad que logra las dos cosas es la educación.  Una población educada tiene mucho capital humano y eso permite el crecimiento económico.  Pero al mismo tiempo una educación de calidad  y con igualdad de oportunidades asegura la justicia social.  No es posible que los únicos que terminan la universidad sean los ricos”. 

    Y eso es lo que más le preocupa de la Argentina: “tiene un sistema educativo que reproduce la pobreza.  El pibe que nació en un barrio humilde no va a ir nunca a la universidad –por más que sea gratuita- porque no termina la secundaria.  La gratuidad de la universidad pública a los ricos les sobra y a los pobres no les alcanza”.

      “Las cifras son patéticas: de cada cien chicos que van a escuelas privadas terminan la secundaria más de 70.  Y de cada 100 que van a las escuelas estatales finalizan la secundaria 30. Hay provincias en las que terminan 10, mientras los que van a privadas terminan todos”.

   “Cada vez hay menos chicos en las escuelas estatales.  En el primer grado estatal hay 20% menos de chicos que en el 2003. Pero no son los ricos, que ya se fueron hace años, son los pobres los que se van. Van a escuelas del Ejército de Salvación, de los Evangélicos, de la Iglesia Católica, que están en las zonas pobres”.

Guadagni reitera algo que viene predicando hace años:

“Tenemos un problema educativo enorme y ahí se juega el destino del país. Es muy ingenuo creer que vamos a salir adelante con Vaca Muerta. En el siglo XXI avanzan los países que tienen capital humano. Corea del Sur no tiene casi recursos naturales y mire por donde está; a Nigeria le sobra el petróleo y dónde está”.

    “La graduación universitaria en Corea es cinco veces mayor a la Argentina. Acá termina la universidad un 12%, mientras en Corea termina más del 50%.  Hoy China tiene más graduados universitarios que Estados Unidos: ahí se juega el gran partido”.

     “Argentina es un país muy atrasado. Tiene menos graduados universitarios, que Brasil, que Chile, Colombia y México, en proporción a la población, pero mucho menos”.

Insisto en que una de las formas de no tener graduados universitarios es con el acceso irrestricto a la universidad.  Los pibes van mal preparados, el mensaje que se les está mandando es que no tienen que estudiar en la escuela secundaria.  Todos los países con regímenes socialistas o comunistas, rinden examen de ingreso a la universidad.  Aquí, después de estar un año en la universidad, más de la mitad de los estudiantes no aprobó una sola materia cuatrimestral. Y en las privadas no es tanto mejor: de cada 100 que ingresan abandonan 60”.

    “Está demostrado por estudios empíricos, que el capital humano –lo que está en la cabeza de los hombres- tiene cuatro veces más valor económico que la suma de los recursos naturales y de infraestructura de un país”, define.

      CLAVES PARA MEJORAR LA EDUCACIÓN

  •    “Más días de clase y más horas. Un chico chileno, ecuatoriano o cubano, que hizo cuarto grado ya tuvo más horas de clase que un chico argentino que terminó la escuela.  En esos países, la mayoría de los chicos tiene doble horario, cosa que no ocurre aquí, sobre todo en los barrios más pobres.
  •   “Hay que desconcentrar la organización escolar,  darle más poder y autonomía a los directores de escuela.  Hay demasiados cargos docentes fuera del aula, en las estructuras burocráticas. Los países que tienen escuelas públicas más autogestionadas progresan más, es el caso de Finlandia por ejemplo”.
  •   “Hay que encarar la carrera docente. Tiene que ser más difícil recibirse de maestro que de abogado.  Hay que copiar lo que hizo Correa en Ecuador.  Jerarquizó la carrera docente, haciéndola universitaria, no terciaria.  Para entrar a la universidad hay que dar un examen, con un puntaje máximo de 1.000 puntos.  Para estudiar abogacía, ciencias económicas, filosofía y letras, con 550 puntos se entra.  Ahora para ser maestro, se necesita 800 puntos”.
  •   “Los mejores sueldos para los maestros. Así los mejores estudiantes de hoy serán los docentes de mañana. Eso no se puede hacer en un año, pero sí en diez. Y hay que empezar hoy.
  • Todos los países del mundo tienen examen de ingreso a la universidad, menos Argentina.

 

          ENERGÍA: LA CATÁSTROFE K

Guadagni es lapidario con la gestión K en materia de energía:  “Desde que se descubrió el petróleo en Plaza Huincul, nunca había caído la producción de petróleo ni de gas en la Argentina, hasta el gobierno kirchnerista. Cuando asumieron en 2003, la Argentina producía 28% más de gas que cuando se fueron y 45% más de petróleo.  El país se descapitalizó en sus recursos de hidrocarburos en una magnitud enorme, y perdió la mitad de las reservas de gas.  Esta es una pérdida que no está contabilizada en ningún lado, pero equivale más o menos al 60% del PBI”.       “Es inédito el vaciamiento que se hizo con YPF.  El gobierno kirchnerista aprobó una operación mediante la cual le vendió una cuarta parte de la compañía a un consorcio español y australiano, que no puso un peso y que se financiaba con las utilidades futuras. Con lo cual lo que hicieron fue dejar de invertir en investigación  y desarrollo de nuevos yacimientos para repartir utilidades. Repartieron el 130% de las ganancias como dividendos.  ¿Cómo pudieron distribuir más dividendos que las ganancias?  Porque también repartieron las reservas acumuladas.  No hay en el mundo en la historia de las empresas petroleras –que es bastante negra- un caso tan grande de vaciamiento de una compañía”.

 

           EL GOBIERNO DE LOS CEOs

Pese a que es peronista, Guadagni afirma que desearía que le fuera mejor al gobierno de Macri.  “Me gustaría que tuviera mejores equipos, porque muchos de sus actuales integrantes tienen una visión sesgada. Los administradores de empresa son hombres importantes y útiles, pero no son los únicos.  Hay gente que no tiene actuación empresaria, pero tiene visión macroeconómica, panorama general y  tiene experiencia.  Le podría dar una docena de nombres de personas que hoy están en sus casas y deberían estar ocupando posiciones de gobierno. No digo peronistas, porque este no es un gobierno peronista, pero radicales por ejemplo. La persona que estuvo 20 o 30 años en una empresa mira al mundo desde esa óptica.  Para gobernar se necesitan otras miradas más generales, más integrales”.

        FALTAN TÉCNICOS Y CIENTÍFICOS

Para Guadagni, uno de los grandes daños que se ha hecho en los últimos años es desmantelar la burocracia técnica. “En los ministerios técnicos hay gente que ingresó en los últimos 5 o 10 años que no tiene la formación necesaria. Eso tiene que ver además, con la forma en que se fue abandonando la educación científica y tecnológica.  Tenemos en el país 120.000 graduados universitarios. La mitad de ellos en ciencias sociales.  ¿Sabe cuántos ingenieros hidráulicos hay? Cinco. Ingenieros en petróleo: treinta. Eso también tiene que ver con el debilitamiento de la enseñanza de la matemática. Argentina es uno de los países del mundo más ignorante en matemática.  En la prueba Pisa se midió el nivel de conocimiento en los estudiantes de 15 años de edad. El promedio mundial de ignorancia matemática es del 23%, en Argentina es del 66%”.

     AL RESCATE DE LOS MÁS POBRES

“Si una mujer que tiene un hijo y ella está desnutrida, ese chico no tiene futuro.  El debilitamiento cerebral en el proceso de gestación es irreversible.  Si hay algo más importante que la educación es la atención pre natal. La pobreza ahora es 33%, pero entre los menores es de más del 50%. En la Argentina hay una relación tremenda: la mitad de los pobres son niños y la mitad de los niños son pobres. Y para la mayoría la única posibilidad de salir de la pobreza es robar o ser traficante de drogas.Superar esta situación es una verdadera cruzada que exige muchas cosas: por ejemplo que en esas zonas las escuelas estén abiertas los sábados, que haya deportes, que en verano estén abiertas.  Cuando yo iba a la escuela, permanecía abierta en enero y febrero, con deportes y talleres, de carpintería entre otros. Es muy importante vitalizar el deporte. Me gustaría que en la provincia de Buenos Aires hubiera una maratón todos los domingos en algún partido de la provincia, en un programa rotativo”.

Javier Amorin 

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