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Es el productor del suceso del cine argentino del momento: “Metegol”. Pero además es muchas otras cosas: geólogo, experto en sísmica, exitoso empresario petrolero, emprendedor serial en varios rubros. Colombiano y también porteño, por amor a Buenos Aires. Un encuentro con Juan José Campanella en Nueva York y una carrera en el cine que comenzó con varios fracasos hasta que llegaron los éxitos.

Entrando en las oficinas que miran a Plaza San Martín, sorprende encontrar un mástil con la bandera de Singapur, a la par que posters de películas argentinas. Es que las oficinas de JEMPSA (Jorge Estrada Mora Producciones), son también las del cónsul de Singapur, que viene a ser la misma persona. Uno más entre los mil “oficios” de este colombiano tan multifacético cuyo periplo por la vida podría interesar al propio García Márquez.

Un viaje que comenzó en un pueblo de la montañosa Antioquía, Yarumal, donde fue uno de los siete hijos de un odontólogo y una maestra rural. A los 17 años daría el primer batacazo, al ganar una beca en un concurso entre 30.000 aspirantes para estudiar geología en Estados Unidos, en la Washington and Lee University y realizar luego de graduarse un master en sismología en el MIT.

De vuelta en Colombia, fue profesor universitario un año y prontamente contratado por la compañía petrolera Geosource, con la que se convertiría en un trotamundos, hasta su afincamiento definitivo en Buenos Aires, en 1976, la ciudad en la que siempre quiso vivir. Desde aquí dirigió la operación latinoamericana de empresas petroleras, fundó otras y se convirtió en un hombre de negocios experto en perforaciones petroleras en distintas partes del mundo. Al mismo tiempo que se metía en emprendimientos en rubros más que variados, entre ellos el cine.

LA ENTRADA AL CINE

¿Cómo fue que se interesó en producir películas? Se sonríe al recordarlo: “el abogado de Geosource, Ricardo Freixá, un día me trajo un guión para que lo leyera. Estaba firmado por Beda Docampo Feijoó y Elio Stagnaro, quienes querían co-dirigir la película. Yo no sabía lo que era un guión, apenas era un buen espectador de cine. Igual les dí mi parecer: la historia era interesante, pero demasiado localista para tener alguna trayectoria internacional, que para mi era fundamental si se encaraba el proyecto como negocio”.

El episodio hubiera terminado ahí, pero al poco tiempo le trajeron otra historia y esta sí lo atrapó. Era sobre una familia de Varsovia, que se escondía bajo tierra durante la ocupación nazi y salían de noche para robar lo mínimo para subsistir. Firmada por los mismos autores, tenía el carácter internacional tan importante para Estrada Mora. El bichito emprendedor le había picado y de pronto se vio como productor de una película. Algo que nunca se le había pasado antes por la cabeza. Como muchas otras cosas que también emprendió…

Armamos una compañía –recuerda-, contratando a una productora ejecutiva de mucha trayectoria, Sabina Sigler, que acababa de producir El Exilio de Gardel, de Pino Solanas. El hijo de Sabina, Roberto Schroder, estaba estudiando en ese entonces y ahí comenzó a trabajar conmigo y ahora es mi socio: hace 27 años que estamos juntos. Por su parte, Ricardo Freixá sigue involucrado en la productora de cine”.

Aquella primera película se llamó “Debajo del mundo”. ¿Cómo fue aquella experiencia iniciática? Responde categórico: “Pésima”.

Se estrenó el mismo fin de semana del alzamiento de los “carapintadas” comandados por Aldo Rico. “Demás está decir que ese fin de semana no fue nadie al cine. Recuerdo que se estrenó al mismo tiempo una película de Alejandro Doria, que ya era un director conocido. Su película fue mantenida en cartel y tuvo su recorrido, la nuestra voló casi de inmediato”.

Había tenido una campaña publicitaria adecuada y se había hecho todo lo necesario para un buen lanzamiento. Pero el resultado fue un cero total. En esa época los subsidios estatales dependían de las entradas vendidas, como casi no hubo taquilla, tampoco subsidio. Pero no todo fue mala suerte: “Como tenía un argumento internacional, pude vendérsela a una distribuidora importante, la New World Bridges y me la pagaron muy bien”.

Lejos de amilanarse, la experiencia lo envalentonó. “Pensé: si cuando no sabía nada del tema pude salvar la ropa, cómo será ahora que sé. Y con el entusiasmo decidí jugarme: hice tres películas simultáneamente en tres países distintos: Yugoslavia, Alemania, Checoslovaquia. Las películas fueron “La amiga”, con Liv Ullman y Federico Luppi, dirigida por Jeanine Meerapfel, una directora argentina que vive en Berlin. “Los amores de Kafka”, con Susú Pecoraro y Jorge Marrale, la dirigió Beda Docampo Feijóo. “El camino del sur”, que la dirigió Elio Stagnaro.

¿Y cómo le fue en este nuevo intento? “Mal, muy mal”, asegura.

En parte porque no se vendieron muchas entradas y también porque nos mató la hiperinflación del 89´: cuando fuimos a cobrar el subsidio en vez de 300.000 dólares eran 3.000”.

UN ENCUENTRO EN NUEVA YORK

Mientras tanto, por supuesto, seguía embarcado en negocios petroleros y en uno de sus tantos viajes de negocios, a principios de los ´90, conoció casualmente a Juan Campanella, que vivía en Nueva York, donde acababa de terminar su master en Cinematografía. “Me resultó una persona sumamente talentosa y simpática”. Y ahí se inició una larga relación personal y colaboración profesional, que sin embargo comenzó también con un fracaso.

“La primer película con Campanella fue “Ni el tiro del final”, una obrita de José Pablo Feinmann, una historia de cine negro, que ocurre en Mar del Plata, pero nosotros la trasladamos a Nueva York y la hicimos allá. Fuimos al festival del Sundance Institute y la película era la niña bonita del Sundance: champan, cenas, primera clase…, pero ante el público no funcionó. Eso fue un shock muy grande. Al otro día no nos daban champan, ni café y Juan no sé cómo se volvió a Nueva York, pero no fue en primera clase. Fue bastante deprimente.”, recuerda entre risas.

Fue entonces cuando Estrada Mora le profetizó a campanella: “Tu camino a Hollywood pasa por Buenos Aires”.

En realidad Campanella no pensaba en volver, estaba muy bien instalado en Nueva York y allí podía tener buenas oportunidades. “Pero lo pensó y un día me trajo un guión: se llamaba “El mismo amor, la misma lluvia”. Hicimos una muy linda película, que tuvo un éxito moderado, pero nosotros quedamos muy contentos. Luego vino “El hijo de la novia”, que fue un gran éxito. Después “Luna de Avellaneda”, que también anduvo muy bien”.

Por fin, después de tanto insistir, habían comenzado los éxitos. “Hicimos una miniserie muy importante con TV5 de España y con Adrián Suar, que se llamaba “Vientos de agua”: trece capítulos de una gran factura, con un presupuesto enorme para televisión: 600.000 euros por capítulo”.
“Luego Juan hizo “El Secreto de sus Ojos” y finalmente, él y Gastón Gorali, me trajeron Metegol”.

Y LLEGA “METEGOL”

Y eso nos trae al presente. A los días dulces de una película recibida por la crítica casi como un hecho histórico en el cine argentino, al ser la primera animación 3D local de nivel internacional. Desde su estreno, con gran suceso, permanece en los primeros puestos de venta de entradas. Pero claro, atrás de ese presente hay cinco años de trabajo, con 400 técnicos argentinos y extranjeros que pasaron por el estudio cinematográfico del Bajo Belgrano, que más bien parece un trading floor: más de 140 computadoras con sus respectivos operadores.

“Lo que decimos a veces con Juan es que, si hubiésemos sabido cuánto iba a tardar y cuánto iba a costar, quizás no lo hubiésemos hecho nunca. Por suerte la ignorancia en este caso nos ayudó, a encararla y terminarla muy bien, no sólo por la historia sino porque el nivel técnico del 3D es comparable con el mejor”.

Y había que animarse, porque el presupuesto inicial era ya elevadísimo, pero al final terminó siendo diez veces más alto que una película argentina cara.

“La inversión total en la película fue de US$ 21 millones, mientras un film típico en la Argentina cuesta 1 millón y medio y puede llegar con toda la furia a US$ 2 millones. Claro que, una película como “Metegol” hecha en Estados Unidos puede costar US$ 150 millones”.

El éxito de público local es sumamente grande: se calcula que la verán entre dos y tres millones de espectadores. ¿La recaudación? Estrada Mora calcula que debería estar entre los 20 y los 25 millones de dólares. Claro que de esa torta, la exhibición se lleva la mitad, los distribuidores también se quedan con una parte importante y “recién ahí se empieza a recuperar lo invertido en la producción y en el lanzamiento, que no es nada barato”.

El empresario lo tiene claro: es inimaginable recuperar solamente en la Argentina lo invertido, sólo se puede aspirar a una fracción.

Pero la confianza en el recorrido internacional de la película es enorme. “Va a tener un camino muy largo, por la calidad del 3 D logradoque hasta a mi me sorprendió-, porque es un film que se hace local en todas partes y porque es para todo público: grandes y chicos, hombres y mujeres”.

Se entusiasma al referir la expectativa que “Metegol” ha despertado en el exterior: “Se está haciendo la versión inglesa, en Inglaterra en estos momentos. Es un trabajo importante, porque hay que hacer el guión adaptado al gusto local, el americano hará la suya, el ruso también, así como el brasileño. La hemos vendido a Polonia también, a Turquía y a Medio Oriente. Hay interés en China, Japón y en toda Europa. En América latina se estrena desde ahora hasta fines de enero en todos los países, distribuida por Universal.

En España, por primera vez en la historia, el festival de San Sebastián lo abrirá una película animada.

El proceso comercial es largo. “Se estima que recién para 2014 se habrá estrenado en todo el mundo”. ¿Y la recaudación global? Estrada Mora ríe recordando una apuesta realizada con Campanella:

“Uno dijo US$ 200 millones y el otro 300 millones. El que pierda la apuesta pagará diez cenas en diez países distintos, con viáticos incluidos. Al parecer, el más optimista fue Campanella“.

Una sociedad española, también propiedad de Estrada Mora, asociada con el grupo PRISA, de España, fueron los que se asociaron con JEMPSA en la coproducción. “Con la participación muy importante –destaca- de Canal Plus, de España, Antena 3, Telefé y la producción ejecutiva a cargo de Juan Campanella, con su empresa 100 Bares y Gastón Gorili, con su empresa Catmandú”.

EL OSCAR Y LOS PROYECTOS

¿Piensan en el Oscar? “Claro que sí. Me encantaría por Juan. Creo que la chance la tenemos, es una película que puede impresionar muy bien en Estados Unidos y de pronto ser nominada. Se lo merece Campanella y sería un orgullo acompañarlo a Hollywood para recibirlo.”

“A pesar de no haberlo ganado yo, fue una gran satisfacción acompañarlo a Juan cuando ganó el óscar con “El secreto de sus ojos”.

¿Nuevos proyectos? “Siempre los hay. Mis socios son los expertos que están recibiendo libretos y evaluando. Tenemos una asociación nueva con España y con Inglaterra y estamos buscando un proyecto para realizar. No es sencillo encontrar el guión adecuado, el director justo, para que se produzca esa magia, que uno no sabe muy bien cómo surge y hace que el resultado sea un éxito. Pero estamos siempre activos”.

Finalmente, ¿petróleo o cine? No lo duda: “Cine”. Y suelta una broma justificadora:

“El petróleo me lleva a Trípoli o a Kenya, en cambio el cine me lleva a Cannes, Berlín o San Sebastián”.

EL PETRÓLEO

A pesar de que a cada rato lo llama al celular un primer actor o un director de cine para ofrecerle entradas al teatro o invitarlo a cenar, Estrada Mora sigue tallando en la actividad mucho menos glamorosa del petróleo. Una vida sin embargo, plena plena de peripecias y difícil de sintetizar:

  • Vivió en varios países de América latina y de África, como gerente de Geosource.
  • Dirigió desde Buenos Aires la operación latinoamericana de Geosource, llevándola a ser líder en sísmica en la región, con 8.000 empleados.
  • En 1985 le ofrecieron un puesto altísimo en Geosource, que implicaba ir a vivir a Houston. Prefirió renunciar a la compañía y quedarse en Buenos Aires.
  • Fue director y accionista de Pride International desde 1993 hasta 2005. De ser una pequeña compañía Pride llegó a ser líder en perforación off shore. Se vendió en 2007 en 8.500 millones de dólares.
  • Con socios americanos –ex ejecutivos de Pride- fundó Vantage Drilled Services, que cotiza en la Bolsa de Nueva York y opera en perforación en varios países de Asia y África.
  • Tiene participación y es director en otra compañía petrolera canadiense, Miramar Hydrocarbons, que posee un pequeña área y Rio Negro y está buscando otras.

 OTRAS AVENTURAS

Las actividades de Estrada Mora, aparte del petróleo y el cine son más que variadas. Está en el rubro agrícola y posee viñedos en Mendoza. Quizás lo más novedoso es la bodega que está instalando en Mar del Plata. Todo comenzó por un comentario que oyó de un enólogo: “Que raro que no se haga vino en la costa; en todos lados el vino está cerca del mar”. Eso bastó para que abandonara la soja en su estancia de Chapadmalal y plantara uva. El experimento resultó muy bien y antes de fin de año se lanzarán los primeros vinos de la bodega Familia Estrada. Sin duda, todo un acontecimiento para Mar del Plata. Además, es inversor y miembro del Consejo Asesor del Fondo Victoria Capital (antes DLJ), con participaciones en importantes empresas en latinoamérica. Es director de Editorial Santillana. Es propietario de hoteles y casinos en Catamarca y Tandil, tiene una compañía constructora y entre otras cosas, un restaurante en Buenos Aires y hasta un cementerio privado en lo que era la quinta de fin de semana de Juan Manuel Bordeu, sobre Ruta 3, en Esteban Echeverría. En la parte académica es vicepresidente del Lincoln International School de Buenos Aires y miembro del board de Washington & Lee University, la misma que a los 17 años le dio su primer gran oportunidad.

Es verdad que parecen demasiadas cosas. Pero en los negocios, el secreto es elegir los riesgos y sobre todo la gente experta para cada cosa.

EL GUSTO POR EL RIESGO

Petróleo y cine. ¿Alguien puede encontrar algo en común? Para Jorge Estrada Mora ambos son muy parecidos y lo que más los asimila es el riesgo: “Son negocios en los que aún haciendo las cosas bien, las chances de fracasar son muy altas”. Quizás allí esté la clave para entender a este emprendedor serial y polifacético: el gusto por hacer, asumiendo riesgos. ————————————————————————————————————————————————————————————— ESTRADA Y FAMILIAEn su vida personal se define como familiero, amante de la buena comida y el buen vino, así como de compartir cosas con sus muchos amigos. Casado en segundas nupcias desde hace 34 años, tiene cinco hijos de edades entre 18 y 31 años, una nieta “y otro nieto en camino”. Acaba de cumplir 66 años.

 

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