Francisco, el enemigo del enemigo

Curioso episodio este del Papa Francisco, aprestándose para recibir por quinta vez a nuestra presidente, con sus afeites y abalorios, sus bobadas ante las luces internacionales, sus raptitos de histeria tardía y sus revelaciones de interpretación histórica. Por Adolfo Athos Aguiar, ex presidente del Colegio de Abogados y asesor del […]

Curioso episodio este del Papa Francisco, aprestándose para recibir por quinta vez a nuestra presidente, con sus afeites y abalorios, sus bobadas ante las luces internacionales, sus raptitos de histeria tardía y sus revelaciones de interpretación histórica.

Por Adolfo Athos Aguiar, ex presidente del Colegio de Abogados y asesor del Consejo de la Magistratura.

Fr AguiarHa indignado a algunos opositores y periodistas al prestarse a la propaganda del gobierno antes de unas elecciones complicadas. Para nuestra cualunque clase dirigente, un guiño del Papa argentino es casi tan importante como uno de Tinelli o Messi. Un par de periodistas (Leuco, bien respaldado por Obarrio) publicaron sendas notas, con sustancia suficiente para criticar el gesto.

La foto con el Papa se había transformado en una obsesión. Casi no hay caudillito (sobre todo en las nutridas unidades básicas de Puerto Madero), que no tenga su foto vaticana. El propio Carlés, que ni siquiera es el más impresentable que haya sido postulado para la Corte Suprema, muestra tres o cuatro. Francisco las había suspendido por un tiempo, pero ha reabierto el kiosco de souvenirs.

Bergoglio, una vez Papa, ha defraudado a los detractores del gobierno, y sobre todo a los opositores, que en su entropía esperaban que diera sus peleas por ellos, de la misma manera que le rezaban a la Corte Suprema.

La cuestión da lugar a una versión a la argentina de las discusiones sobre la mecánica del enemigo del enemigo.

Blanco ineludible de los dardos del kirchnerismo, víctima en dos Cónclaves de operaciones “diplomáticas y de inteligencia” de nuestra sutil Cancillería, Francisco demostró una capacidad de comprensión y perdón enormes, sobre todo para la iglesia que rige (Que se tomó 360 años para “perdonar” a Galileo Galilei, 25 a Juana de Arco, y hasta 50 a Los Beatles). Exageró la política de la otra mejilla hasta transformarse en un activo importante de la Casa Rosada, suministrando un apeadero seguro a las giras presidenciales.

Maestro del judo o de la demagogia, se apropió de las notas críticas con un golpe de cintura, y puso a Leuco a jugar pingpong con un frontón.

¿Existe una explicación para esta persistencia papal, más allá que la improbable e insuficiente del curita bueno y comprensivo?

Jesuita y peronista (enrolado en la mistificada Guardia de Hierro), Francisco responde a la definición misma de lo proteico, y lo ha demostrado en sus diferentes encarnaciones como Padre Jorge, Arzobispo Bergoglio y Papa Francisco.

La historia de la Compañía de Jesús nos excede, pero en mutaciones el Peronismo no le queda en zaga. Surgido de un golpe militar inspirado en los fascismos europeos, el peronismo gobernó más de la mitad de los últimos setenta años. Aunque su marcha todavía reza “Combatiendo al Capital”, salvo la probable excepción del tercer gobierno de Perón (73/76) en todos los demás se produjeron fenómenos significativos de acumulación de capital en favor de sectores protegidos, engendradores de nuevos burgueses. A sus validos, Perón los llamaba la “burguesía nacional”, exasperando a sus compañeros de izquierda.

Esos nuevos grupos crecían a expensas módicas de las oligarquías tradicionales, con las que aprendían a convivir. La transferencia se justificaba en un mayor reparto de riquezas públicas acumuladas, que mejoraban el bienestar de la base de la pirámide social.

Tardíamente identificados con los Montoneros de los ´70, ninguno de los conversos encaramados en el kirchnerismo tuvo problemas en asimilar el mecanismo, como no tuvieron problemas en connubiar con la CGT. Suministraron cuadros importantes y bien rentados a la patria ejecutiva, subsidiada, petrolera, financiera, contratista, licitadora, agroexportadora y otras cuantas, sin olvidar la administración de los tres poderes del Estado, las empresas públicas y todas las reparticiones periféricas. Durante estos quince años se ha consolidado definitivamente la legitimidad del acceso al Estado como garantía de ascenso social y económico. Los nuevos ricos del kirchnerismo han sido tan poco discretos y distinguidos como los del menemismo, aunque mucho más hipócritas.

Si el kirchnerismo colapsa, lo hará por su propio peso y densidad, y dejará por un lado casi un 30 por ciento de pobres e indigentes, y por el otro una oligarquía privada y estatal sobredimensionada y de una voracidad incontrolable. En el medio, como en el cuello de una clepsidra, una fantasmal economía real deberá estructurar relaciones de producción genuinas, que a su vez siga sosteniendo a los extremos. Las tensiones distributivas serán formidables, y deberían poder ser arbitradas por el Estado.

No es la impunidad lo que preocupa al cenáculo presidencial. La impunidad siempre está garantizada. El inefable instituto Dorrego dará las bases históricas para demostrar que así como efectivamente Cristina Fernández pertenece a la dinastía Targaryen, se emparejó con los resurgidos vástagos de la egipcio patagónica Patoruzek. Último gesto de justicia de la cultura Nac&Pop, poner a Dante Quinterno a la altura del imperialista George Martin, aunque sea para justificar fortunas injustificables.

Es el arbitraje entre las tensiones de las viejas y las nuevas oligarquías lo que debe ser garantizado. Los enemigos escogidos de la “vieja oligarquía” no han sido derrotados. El ADN acerbo e iracundo del círculo presidencial le impide apreciar la ironía de dejar a Clarín y La Nación como defensores de las instituciones, y a Techint y la UIA de la libertad económica. Su enorme ascendiente sobre los sectores tradicionales del estado (Sobre todo en la Justicia) es lo que mortifica al gobierno.

Y aquí entra Francisco:

«La vieja oligarquía usó a su Iglesia como un club, y a su Dios como un tío potentado y bobalicón que le permitía darse todos los gustos«.

Francisco, siendo todavía Jorge, optó por los pobres y por el Peronismo.

Aunque en su escalafón sólo le quede ser Santo, perdonar a los viejos amos y a los primeros enemigos no debe ser tan fácil.

A lo mejor, ni siquiera Cristina ha alcanzado a defraudarlo. Y por eso está bien que la siga confortando.

FUENTE: sudamericahoy.com

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